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Una investigación revela los rostros de la represión china en Xinjiang

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Afloran más pruebas espeluznantes de la represión china en la región musulmana de Xinjiang. Coincidiendo con la visita de la Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet, un consorcio de medios internacionales, entre ellos la BBC, publica miles de fotos policiales de detenidos en campos de reeducación y documentos secretos que, al parecer, han sido robados por hackers informáticos de los ordenadores del régimen.

Guardando un siniestro parecido con las fichas de los prisioneros de los campos de concentración nazis y del genocidio de los Jemeres Rojos en Camboya, dichas fotos muestran a cerca de 3.000 uigures arrestados en 2017 y 2018. Con los ojos vidriosos intentando contener las lágrimas, una de ellas es Hawagul Tewekkul, una mujer de 50 años detenida para reeducación en octubre de 2017. Además de las expresiones de miedo o desconsuelo en sus caras, algunas imágenes revelan la coerción mostrando tras los detenidos a guardias armados con porras.

Tal y como reflejan los miles de archivos filtrados, los uigures y otras minorías musulmanas de Xinjiang son internados en campos de reeducación por delitos como «haber viajado a países sensibles», es decir islámicos, «tener fuertes inclinaciones religiosas» como no beber alcohol ni fumar, dejarse barba o leer el Corán incluso años atrás. Como cómplices, hasta sus familiares pueden ser declarados «culpables por asociación» y sentenciados a penas que van desde los siete hasta los 25 años de cárcel. A tenor de los documentos obtenidos por la BBC, hay 452 hojas de cálculo con datos de un cuarto de millón de uigures que recogen quiénes han sido detenidos y por qué y la institución donde han sido confinados.

Entre ellos, la detenida más joven es Rahile Omer, una niña de solo 15 años, y la más mayor Anihan Hamit, de 73. También destacan las fotos de niños con el pelo rapado, lo que sugiere que han sido internados en reformatorios estatales tras ser separados de sus padres después de su condena. Ese parece ser el caso de Ruzigul y Ayshem Turghun, de diez y seis años respectivamente cuando sus progenitores, Tursun Memetimin y Ahisgul Turghun, fueron enviados en 2018 a un campo de reeducación por haber «escuchado grabaciones prohibidas» en el móvil de otra persona seis años atrás.

Remontándose a los años 80, cuando estudió el Corán, este delito retroactivo también se aplica a Tursun Kadir, un hombre de 58 años condenado a 16 años y 11 meses, entre otras cosas, por «dejarse barba bajo la influencia del extremismo religioso». En la ficha policial aparece antes y después de que las autoridades le afeitaran la peligrosa barba.

Piratas informáticos
Según la BBC, todas estas evidencias han sido extraídas de los servidores de la Policía de Xinjiang por «piratas informáticos», que se las han entregado al investigador Adrian Zenz, de la Fundación en Recuerdo de las Víctimas del Comunismo. Desde dicho organismo, Zenz ha denunciado con profusión de documentos la represión del autoritario régimen chino en la remota región de Xinjiang, donde se calcula que un millón de uigures han pasado por sus campos de reeducación solo por el hecho de ser musulmanes.

Aunque Pekín negó su existencia al principio, acabó reconociéndola ante la aparición de numerosas fotos e imágenes por satélite de campos de internamiento con altos muros, alambradas y torres de vigilancia. Pero el régimen chino sigue insistiendo en que son escuelas de formación profesional para prevenir el terrorismo islamista, que sacudió en el pasado a la región y otras ciudades de China en forma de revueltas y atentados. A tenor de un ‘Libro Blanco’ publicado en 2020, 1,3 millones de personas han recibido esta «formación profesional» en Xinjiang entre 2014 y 2019.

Los documentos filtrados también incluyen fotos de las clases de adoctrinamiento y de la Policía y el Ejército llevando a los detenidos esposados a las celdas, en lo que parecen ser simulacros de motines. Además, recogen las órdenes y discursos secretos de altos cargos como el ministro de Seguridad Pública, Zhao Kezhi, quien en 2018 apuntó al objetivo de «reeducar» a dos millones de uigures «infectados de pensamientos extremistas». Como no hay documentos posteriores a 2018, todo apunta a que el régimen ha reforzado los sistemas de encriptado del régimen para impedir, precisamente, filtraciones como esta. Desde la expresión muerta de sus ojos, estos rostros de la represión añaden más preguntas para Pekín y para la ONU en el viaje de Bachelet a Xinjiang.