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Lorena Álvarez: «Hay que hacer que el desánimo que hay en el mundo de la música se convierta en fuerza»

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La oleada de cancelaciones y aplazamientos de conciertos por el pico de la sexta ola ha sido un varapalo para la nueva edición de Inverfest, pero el de Lorena Álvarez, artista asturiana figurante en muchas listas de los mejores discos de 2021 (también la de ABC), por suerte se mantiene en pie y esta noche (Teatro Infanta Isabel a las 20h, desde 15 euros) se podrá disfrutar de su feliz alianza con Los Rondadores de La Val D´Echo, una orquestina pirenaica formada por músicos amateur de la zona, tañedores de laúdes, bandurrias y guitarras con la que grabó un precioso EP durante su estancia en las residencias artísticas LoMón Contemporáneo el pasado verano.

¿Cómo lleva la espera antes del concierto de Inverfest? Ahora los músicos tienen que someterse a un confinamiento pre-concierto para evitar contagios. ¿Tiene ese miedo metido en el cuerpo?

Sinceramente, sí. En estos momentos, para llegar a dar un concierto hay que ir superando toda una serie de obstáculos y esa preocupación, esa incertidumbre y esos nervios, sumados a los que siempre se tienen antes de un concierto, te hacen pasar unos días previos bastante desagradables. Además de los momentos en los que se apodera de ti el desánimo, porque un concierto es una celebración y ahora mismo, lo último que apetece es celebrar… Hay que hacer un ejercicio para convertir ese desánimo en una fuerza que te permita poner tu música al servicio de otra de sus facetas, la de reconfortar, la de sanar, la de ofrecer un espacio de conexión con algo superior que nos ayude a sobrellevar todo lo que estamos viviendo.

Hay mucho hastío en el ambiente, ¿no?

Percibo dos sentimientos: Por una parte un desánimo general al ver que la situación ha vuelto a dar un paso atrás en estas últimas semanas, pero por otra parte muchos deseos de poder volver a compartir la música en directo y poder volver a realizar nuestro trabajo en las mejores condiciones posibles.

Seamos positivos y pensemos que todo va a ir genial. ¿Cómo va a ser la puesta en escena de su EP con Los Rondadores?

Seremos cuatro músicos en el escenario, es una especie de rondalla reducida, con laúd, guitarra portuguesa, guitarra española y contrabajo. Interpretaremos las canciones de este EP y otras de mi repertorio con arreglos adaptados a esta formación y también habrá algunas sorpresas. Nos arropa un fondo de 7 metros que confeccionó nuestra compañera Norka Cosamalón, a partir de tapetes de ganchillo que encontramos en tiendas de antigüedades. Es un fondo precioso porque esos ganchillos tejen formas de plantas, flores, pájaros y crea unos efectos de luces y sombras muy cálidos, pero es mejor verlo en persona que contarlo.

El germen de este proyecto en realidad está en El Albaicín, ¿verdad?

Si, hace unos años yo vivía en el Albaicín de Granada y una tarde cuando volvía a casa, en una placita cercana escuché el sonido de una orquesta de pulso y púa que salía por una ventana. Llamé a la puerta para proponerles a esos músicos misteriosos si querían colaborar conmigo y me abrieron unos simpáticos señores que me invitaron a pasar. Cuál sería mi sorpresa al ver que el local estaba abarrotado de fotos de Enrique Morente y resulta que eran los Laúdes del Albaicín, unos músicos que acompañaron a Enrique en algunos proyectos. Comenzamos a ensayar juntos, pero finalmente yo me fui de Granada y no fue posible llegar a materializar esa colaboración. Meses más tarde me llamaron para invitarme a realizar una residencia artística en Hecho, en el pirineo oscense, en la que me ofrecieron la posibilidad de proponer un proyecto que involucrase a los habitantes de la zona y de esa manera apareció la oportunidad de materializar este proyecto. Una de las canciones es precisamente una versión de unos verdiales de Enrique Morente.

¿Qué fue lo más fácil y lo más difícil de trabajar con Los Rondadores?

La experiencia fue preciosa porque durante un mes estuve conviviendo con estos músicos, la mayoría de ellos músicos amateur, en la vertiente más literal de esa palabra, la de «amadores» de la música. Fue un mes en el que aprendimos todos muchas cosas y pasamos por todas las fases de un proceso creativo, desde momentos en los que parecía que no iba a salir, hasta la unión de las fuerzas de todos para sacar adelante el proyecto y la alegría ante el resultado final.<iframe width=»500″ height=»315″ src=»https://www.youtube.com/embed/Oi0XEG1YlrY» title=»YouTube video player» frameborder=»0″ allow=»accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture» allowfullscreen></iframe>

¿Qué ha sido lo que más le ha sorprendido de todo este proceso?

Me ha sorprendido una vez más, cómo el arte, la música y la poesía despliegan sus hechizos sobre unas personas y las hacen transfigurarse.

¿Qué solía hacer por el Val d’Echo cuando no estaba grabando?

Pues pasear, bañarme en el río, hacer excursiones con los Rondadores, tomar cervezas en el bar, leer, conocer a la gente del lugar, en fin, crear unas condiciones que son óptimas para la realización de un proyecto y que desafortunadamente son difíciles de obtener en la mayoría de ocasiones.

Parece que en el pop es casi tendencia lo de reinterpretar nuestro folclore en clave actual. ¿Cómo está viendo ese proceso, usted que llevas año haciéndolo antes de que casi todo el mundo? ¿Ve cierto componente de ‘moda’ en todo esto?

Para mí es una alegría que por fin se esté integrando la música tradicional en la música actual y que se ponga en valor toda esa riqueza como base para propuestas contemporáneas. Otra cosa es que me guste más o menos cómo se hace en ciertos casos, y cómo en muchas ocasiones da la sensación de que se manipulan todos estos espíritus musicales de una manera superficial, pero bueno, es una opinión personal, es que yo me lo tomo todo muy en serio. Para mi la música tiene, o bien que estar conectada con lo divino y lo celestial, bajando de los cielos para recordarnos a los humanos lo que podríamos ser, o bien tener un afán de ascender, de subir de la tierra, recoger lo más mundano, mirarlo cara a cara y trascenderlo y en la música actual me cuesta mucho encontrar una de estas dos características en lo que escucho por ahí y muchas veces me hace preguntarme cuál es la finalidad de esa música.

¿No cree que el intercambio cultural debería ser la demostración incontestable de que el regionalismo excluyente y la xenofobia son un error?

Lo es, y quien no se dé cuenta de eso es que tiene un velo muy pesado tapándole los ojos.

¿Qué nos puede contar de sus próximos proyectos?

De momento vamos a intentar presentar este último trabajo en donde sea posible, porque siento que es un proyecto muy bonito para compartir en directo, especialmente por los músicos que me acompañan, una delicia para los sentidos: Víctor Herrero y Carlos Aquilué, y mientras tanto voy preparando cosas nuevas, pero de eso todavía no puedo contar nada, que ya se sabe que si se cuenta antes de tiempo, después no sale.