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Manuel Bandera: «Giorgio Aresu me puso a Marisol mi mujer como pareja de baile en la Nochevieja del 86 y hasta hoy»

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A sus 60 años, el bailarín malagueño recibió de manos de su paisano Antonio Banderas el papel de Zach, el protagonista de ‘A Chorus Line’, el espectáculo musical que produce y que se puede ver en el teatro Calderón de Madrid hasta el próximo mes de marzo.

¿Ustedes eran amigos?

No, nos conocimos un día en casa de Pedro Almodóvar a principios de los 90, cuando ya había hecho ‘Las cosas del querer’, y luego nos habíamos visto esporádicamente.

¿Y le gustó el papel?

Es maravillo ser Zach en ‘Chorus Line’, es una experiencia impresionante. Es el director, el coreógrafo que está majeando toda la audición y ese tipo de papeles que haces de maestro de ceremonias me gustan.

¿Se ha tenido que poner en forma?

Mi trabajo es más interpretación que baile. Es más duro para los chavales porque tienen que cantar y bailar muchísimo. Pero sí, me he tenido que poner en forma porque requiere mucha técnica.

Antonio Banderas fue a verle al estreno, ¿le aprobó?

Sí, me felicitó y nos dimos un abrazo en el escenario. Está muy contento con toda la compañía. Y trajo a Baayork Lee, que lleva 40 y pico años montando por todo el mundo ‘A Chorus Line’, un legado que le dejó Michael Bennett.

Ambos dejaron muy jóvenes Málaga para buscarse la vida.

Yo me vine a Madrid a estudiar Educación Física. No sabía ni que existía esa carrera y unos amigos me dijeron que se estaban preparando unas pruebas para estudiar en el INEF y me preparé también. Entramos los tres. Nos vinimos a Madrid en septiembre de 1982. Ha llovido mucho.

¿Llegó a ejercer?

De profesor nunca. Comprobé en segundo de carrera que la docencia no era lo mío. Hubiera tirado para la competición o de entrenador, pero nunca se dio el caso porque empecé a bailar.

¿Cómo empezó?

En el INEF había una profesora que hacía un seminario de gym jazz, y a partir de ahí, unas compañeras me dijeron si quería aprender. Me fui a una academia de baile que estaba por la calle Orense y empecé a estudiar. Estando ahí, Raúl Sender buscaba bailarines para la gira de su revista ‘Champán’. Hizo unas audiciones y nos cogió. Me hice una gira por todos los teatros de España ese verano de 1984.

Y luego se cruzó en su vida Giorgio Aresu, uno de los mejores coreógrafos de este país.

Le conocí en el espectáculo ‘Una noche con Bibi’ con Bibiana Fernández y ahí me agarró y ya no me soltó hasta 1988, que apareció ‘Las Cosas del querer’. Con él hacíamos la Nochevieja en TVE que dirigía Navarrete. También estuve haciendo el ballet del ‘Un, dos, tres’ y en varias pasarelas Cibeles.

¿Ha habido pocos bailarines en su generación?

Nunca fui un buen bailarín, pero le echaba mucha energía. Vendía muy bien lo que hacía y le echaba muchas ganas. Giorgio nos metía mucha caña y exigía mucho. Ahora si hay gente joven muy preparada. En nuestra época no nos preocupábamos por cantar, ahora se preparan para todo.

El baile además le dio al amor de su vida.

Giorgio tuvo la grandísima idea de ponerme a Marisol como pareja en un Fin de Año de 1986 y hasta hoy.

¿Y con su profesión no le ha costado ser fiel?

Para nada, soy fiel por naturaleza. Para mí sería imposible, me parece un sin sentido.

Y tenéis un hijo que está a punto de cumplir 28 años. Con dos padres bailarines, ¿seguirá vuestros pasos?

Él hizo sus pinitos con siete años cuando yo hice de ‘La Bella y la bestia’, necesitaban un Chip. Pero estudio INEF, aunque tampoco la ejerce. Ahora esta con un canal de Twitch.

Manuel, está a punto de cumplir 40 años de profesión no solo dedicada al baile, sino que también ha tenido la suerte de trabajar en el cine y hacer series. Se considera un autodidacta que ha tenido mucha suerte, porque absorbía todo lo que le enseñaban sus directores y sus compañeros. La primera cara femenina que tuvo delante en la gran pantalla fue Ángela Molina en ‘Las cosas del querer’, luego se encontró con Victoria Abril y más tarde con Concha Velasco. Se ha hecho un master con las más grandes. El pasado Festival de Málaga le dieron la biznaga como reconocimiento a toda su carrera, algo que él agradeció: «Di las gracias por hacerme sentir que había valido la pena salir de Málaga con 21 años y con una maleta y venirme a Madrid a buscarme la vida. Es mucho sacrificio dejar todo. Pero ahora ya estoy mirando para irme a Málaga, mi camino va a ser de vuelta, con mi ciudad y mi gente».