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Anson y Cebrián debaten en ABC sobre el pacto constitucional

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Hemos convocado en la casa de ABC a dos figuras indiscutibles del periodismo español para recordar las claves y vicisitudes del pacto constitucional, que permitió pasar de la dictadura a la democracia, superando el enfrentamiento civil que arrancó en los años treinta del siglo pasado y se mantuvo vigente, por razones obvias, durante el largo franquismo.

Aquel reencuentro está hoy cuestionado por una parte de la izquierda y puesto bajo sospecha en algunos segmentos de las nuevas generaciones. Sin embargo, el pacto del 78 dio pie al llamado ‘milagro español’, tal como fue conocido internacionalmente: reconciliación, convivencia, prosperidad, modernidad y pujanza. De repente, España se puso de moda. España sorprendió al mundo cuando el mundo no esperaba nada de España. Porque los españoles de entonces habían aprendido de los errores de la generación anterior, querían concordia y superación, empezaban a ser conscientes de las ventajas y oportunidades de la extensión de las clases medias, podían por fin aceptar a ‘los otros’ sin percibirlos como enemigos.

Así se vivió durante tres décadas, pero hace unos años aquel éxito celebrado y colectivo empezó a dar signos de fatiga, inesperadamente. Una parte de la juventud comenzó a desengancharse del espíritu constitucional, debido a las sucesivas crisis económicas y sociales, los lamentables casos de corrupción y malas prácticas (que han afectado incluso a la jefatura del Estado) y por un sector de la nueva política interesado en promocionar una idea fallida de este fecundo periodo. Los españoles que hicieron la Transición, ahora jubilados política y laboralmente, aquellos que enmendaron a la generación precedente, corren el riesgo a su vez de ser corregidos por una parte de la generación posterior, cuya reinterpretación de la historia los devuelve al país de sus abuelos, o bisabuelos. Por absurdo que parezca, está pasando.

A finales de los setenta, los tres medios de comunicación más poderosos e influyentes del momento eran Televisión Española, la agencia Efe y el diario ‘El País’. Dos de aquellos periodistas siguen en activo, firmando y opinando regularmente. Son dos testigos privilegiados de aquella etapa; por lo que vieron, por lo que decidieron, por lo que participaron… incluso por lo que callaron. Por eso están aquí, prestándose a un mano a mano en el que debatir sobre la vigencia, logros y amenazas de aquel pacto histórico. Luis María Anson, muerto Franco, fue nombrado presidente de Efe en un momento de expansión mundial de la agencia, una de las principales de todo el globo y determinante a la hora de distribuir hasta el último rincón notas de prensa sobre los acontecimientos del día a día.

Anson retornó a ABC en los ochenta, en una fructífera y larga dirección; al concluirse siguió otros caminos editoriales, suspirando durante 25 años por su ABC verdadero como fórmula de reivindicación personal, por eso el pasado miércoles se le notaba la emoción y alegría de reencontrarse de nuevo con los periodistas de ABC, una especie de regreso a Ítaca, confesándose «fundamentalmente, un hombre de ABC». Un periódico de casi 120 años ilumina por encima de todos, incluso del poder temporal de sus directores, por eso ABC integra y asimila todas sus etapas. Juan Luis Cebrián tenía poco más de treinta años cuando se encontró al frente de un periódico nacido con una mirada más transversal y liberal
que su evolución post
erior; fue un éxito fulgurante convirtiéndose en el primer periódico de España en tiempo récord y en la principal tribuna de formación de opinión durante el debate constitucional.

Anson y Cebrián mantuvieron, posteriormente, un durísimo duelo profesional, durante años. Desde las páginas de ABC y de ‘El País’ agitaron la vida nacional. Un choque constante de perspectivas que enriqueció el espacio público, creando las grandes corrientes de opinión de la época. Desde este presente, miran hacia atrás y esto es lo que cuentan:

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-Anson: La Transición fue una de las operaciones políticas más importantes de la historia de España. Pero treinta años después empezó a no tener eco en las nuevas generaciones y una parte sustancial está ahora en contra. A mí me parece que no hemos sabido defender ni explicar las virtudes de la Constitución del 78.

-Cebrián: Sí hay un problema de déficit reputacional en un sector de la población. La Transición fue la reconciliación entre los vencedores en la Guerra Civil y los vencidos; y entre los hijos de estos. Uno de los errores es que no se ha explicado lo que era la Guerra Civil, tampoco la República ni la Transición.

-A: En 2011, cuando Rajoy tuvo 186 diputados, hubiera sido muy favorable reformar la Constitución. Tenía la mayoría absoluta y había una nueva generación que quería hacer su España con unas exigencias que eran fáciles de incorporar. Querían la igualdad de género, abordar el problema del cambio climático, incorporar una reforma de la ley electoral… Rajoy creyó que eso era abrir un melón que podía traer complicaciones. Las complicaciones han venido precisamente porque no se hizo.

-C: No estoy de acuerdo contigo en la fecha de las reformas, yo la adelantaría. Cualquier Constitución del mundo, si con el paso del tiempo no se reforma puntualmente en determinadas cosas, está amenazada y llamada a perecer. Pero la clase política, sobre todo después de Aznar, y no es que yo sea precisamente aznarista, empezó a deteriorarse muchísimo.

Anson y Cebrián, mano a mano charlando sobre la reforma de la Constitución del 78
-A: En eso tienes razón. Entre 1976 y 1978 hubo gentes de envergadura personal que se incorporaron a la política. Abogados importantes, empresarios… y luego ¡pimpampum! ¿En qué se ha convertido la política? Esas gentes de primer orden se han ido retirando hasta lo que tenemos ahora. De ahí vienen buena parte de los males. La clase política no se distingue por la corrupción, sino por la mediocridad. La otra noche oí hablar a un diputado y una diputada provinciales y… bueno, los jugadores de fútbol se expresan mejor. A la clase política ha llegado gente intelectualmente menor que ocupa puestos políticos de considerable relieve.

-C: Desde mi punto de vista hay que clarificar el título octavo. Tenemos un lío permanente con las autonomías. No por culpa de las autonomías -que ha sido un buen régimen y ha generado mayor igualdad entre la población y una mayor igualdad territorial y autogobierno- sino precisamente por la manipulación que se hace desde el poder político central.

Ansón: «Corremos el riesgo de ir a un Estado confederal»

-A: El Estado de las autonomías ha sido altamente positivo. El problema ahora es que, o ese Estado de las autonomías lo hacemos cristalizar en un Estado federal, o corremos el riesgo de ir a un Estado confederado, que es la independencia de los distintos territorios. Eso es el paso hacia los reinos de taifas, hacia la independencia de Cataluña.

Cebrián: «España tendría que ser un Estado federal común y corriente»

-C: Estoy completamente de acuerdo. Los partidos nacionalistas, ahora más independentistas, han sido los partidos bisagra que han dado el poder al PP y al PSOE. Han tenido un peso formidable, fruto del sistema electoral y de la falta de articulación jurídica del estado de las autonomías. España tendría que ser un Estado federal común y corriente. Donde todo lo que no son poderes exclusivos del poder central lo pueden tener los estados federales, que financian sus gastos con sus propias tasas e impuestos.

Luis María Anson, en un momento del diálogo en ABC – ABC

-A: En 1977 me equivoqué al aceptar la explicación de Fernando Abril-Martorell. Estando al frente de la agencia Efe, hice una serie de editoriales para ABC donde decía que una buena parte de los Estados federales no admiten que se incorporen al Parlamento Nacional representantes de partidos con menos del cinco por ciento de la votación. Si ese artículo estuviera vigente ahora, solo tendrían representación el PSOE, PP, Podemos, Vox y, tal vez, Ciudadanos. Cuando publiqué el editorial Abril-Martorell me dijo que tenía toda la razón, pero que no se podía hacer. «Si no hay una representación en el Parlamento de los vascos y los catalanes nadie se cree que esto es una democracia», me dijo. Hubo que soslayar muchas cosas porque había que garantizar -ante los españoles, pero también ante el mundo internacional-, la viabilidad de una democracia pluralista plena en España.

La cuestión territorial
-C: De todas formas yo no sería catastrofista. En España tenemos unos niveles de libertad y de democracia muy superiores a la mayoría de los países de la Unión Europea. En la lista famosa de ‘The Economist’ somos el número 20 de las democracias completas. En esos 20 no está EE.UU.

-A: Ni Francia.

-C: Tampoco Italia. ¡Y dicen que aquí no hay democracia! Otra cosa que creo es que los intelectuales han sido literalmente expulsados de la política por la clase política. Ahora resulta que aquí es fascista todo el mundo: Fernando Savater, Félix de Azúa, Andrés Trapiello, Joaquín Leguina, Javier Marías… Todo el que disiente desde los sectores formalmente progresistas es fascista. Estamos viviendo experiencias complejas. Cuando se habla de la obligatoriedad, o no, de la vacunación, en Francia, Alemania y EE.UU. hay un debate intelectual sobre cómo afecta a las libertades individuales. Aquí nada. Aquí al presidente del Gobierno se le permite decir que a nadie se le ha preguntado a quién vota cuando le han vacunado. Es una de las estupideces más grandes que he oído a un presidente del Gobierno.

Juan Carlos I

-C: Volviendo a las reformas, creo que hay que resolver el tema de la igualdad de género, sobre todo en la sucesión de la jefatura del Estado. Y más ahora que cualquiera puede decir si es varón o hembra. A los jóvenes no se les ha explicado que los 42 años de esta Constitución son los mejores de la historia de España en cuanto a democracia, libertad, prosperidad, progreso, etcétera.

-A: El reinado de Juan Carlos I ha sido una de las etapas estelares de la historia de España. Cuando se muere Franco, hay un Rey de hecho, no de derecho. No se exigía la forma de Estado porque ya había una. Don Juan Carlos hizo la democracia -gracias a él, sustancialmente- en 1976; y en 1981, cuando se opuso al golpe de Estado. Porque Don Juan no tenía fuerza ninguna con su hijo. Me entristece decir esto, pero es la pura verdad. Y Suárez era mirar a Don Juan Carlos al principio y ver en sus ojos los de Franco y decir ‘sí bwana’ a todo lo que le decía el Rey. La única persona que influyó decisivamente sobre Don Juan Carlos fue Torcuato Fernández-Miranda.

-C: Tuve una conversación con Don Juan Carlos, cuando todavía era Príncipe, que me abrió los ojos. Él no quería a nadie de la generación de su padre que le diera órdenes. Le venía bien Adolfo Suárez. Al final el más demócrata de todos fue Suárez. Pero él jugó un papel fundamental después, como gestor, aunque no en la redacción del texto constitucional. Ahí fue Abril-Martorell, su hombre de confianza. También fue importante Miguel Herrero de Miñón, que todavía vive. Para los nacionalistas lo fue Roca. Estaba también Gabriel Cisneros. Todas las familias posibles de la democracia estaban representadas.

-A: Contaron con la generosidad de Don Juan Carlos, que renunció a todo.

-C: El Rey, claro, buscaba que la unidad de España y la Monarquía estuvieran en la Constitución.

-A: Eso fue con el artículo 168. Ahí el Rey quería blindarse.

-C: Hay cosas que fueron utilísimas. Si el Rey no hubiera sido el jefe supremo de las Fuerzas Armadas, el golpe del 23-F habría triunfado. Ahora no vivimos esa situación y se podría aceptar que el Rey no sea el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Habría que hacer un estatuto de la Corona en defensa de la Corona, explicando qué es lo que debe hacer su titular y lo que no. Esta Corona tiene los valores republicanos. Es decir, los valores republicanos están representados por la Monarquía parlamentaria.

-A: En aquel momento era necesario que la Monarquía aceptase que la soberanía nacional reside en el pueblo. Tiene muchas ventajas, es más que una plataforma neutral.

-C: Sobre todo en un país como éste, que presume de tener cinco lenguas diferentes y que tiene estos problemas identitarios.

El papel de la Corona en la Transición
-A: Ahora vuelvo a otra cosa que has dicho antes: Adolfo Suárez no vivía ajeno a la Constitución. Al principio se planteó un artículo, sobre el que yo escribí, que decía que ningún presidente, ni el del Gobierno ni el de una comunidad autónoma, podría estar más de dos legislaturas en el poder. Yo apoyé aquello y Suárez no me llamó traidor de milagro. «Yo voy a estar hasta 2010», me dijo. Estábamos en 1976. Por eso se negó a que se limitara. Fue una lástima.

-C: Pero no tuvo peso intelectual.

-A: Siguió la redacción con entusiasmo. Pero es verdad que fue cosa de Alfonso Guerra y Abril-Martorell.

-C: Guerra tenía la confianza de Felipe González. Se reunía con Abril-Martorell después del debate de los ocho en casas particulares y en una noche podían resolver treinta y pico artículos de la Constitución.

-A: No olvidemos que estamos hablando del año 1977. En junio sacaron casi 100 diputados. Había claramente dos partidos: UCD y el Partido Socialista. Ese año fue cuando abdica Don Juan, que había exigido la convocatoria de elecciones. Don Juan Carlos no fue Rey de derecho hasta el 14 de mayo de 1977.

-C: Don Juan Carlos renunció a todos los poderes y eso facilitó enormemente las cosas. En España habría habido democracia en cualquier caso, pero el coste hubiera sido infinitamente mayor.

-A: Don Juan Carlos estuvo espléndido. Tenía mucha autoridad personal y, sin embargo, cedió en todo.

Juan Luis Cebrián, durante el debate – ABC

-C: Otra cuestión que estos días estamos viendo y que es inadmisible es lo que ocurre con el Consejo General del Poder Judicial. Es cierto que la judicatura de hoy no tiene nada que ver con la de la Transición. Entonces había 1.500 jueces, ahora hay cerca de 6.000. Los jueces, como los militares, al principio la Transición eran franquistas. El Poder Ejecutivo siempre trata de controlar la judicatura. El problema es que la elección se ha convertido en un conchabeo entre las cúpulas de los partidos. Ninguno busca elegir jueces de prestigio que defiendan el sistema. En el bipartidismo imperfecto estaban encantados los dos partidos, porque de alguna manera se estaban repartiendo algún tipo de influencia en el Poder Judicial. Lo lógico es que ahora se pongan de acuerdo para nombrar el nuevo consejo, pero al mismo tiempo deberían cambiar el sistema de elección. Dicho esto, los jueces son fundamentalmente independientes, aunque siempre habrá ovejas negras.

-A: Sí. El nivel de independencia de los jueces en España es muy alto. La administración de justicia es de las cosas de las que podemos estar más orgullosos.

La renovación del CGPJ
-C: Sobre lo que decía de los militares. Creo que ha hecho mucho bien a la profesionalización del Ejército su participación en misiones internacionales. Porque, digamos, ha habido un reconocimiento de la función del Ejército. Lo acabamos de ver en la evacuación de Afganistán.

-A: Sobre las Fuerzas Armadas soy incapaz de hablar porque antes podías hablar con militares, ahora se callan. Sí creo que al mismo nivel del Ejército estaba la Iglesia, que ahora se enfrenta a los problemas naturales de una nación que se ha descristianizado en una parte bastante considerable. Aun así, conserva mucha presencia y prestigio y autoridad.

-C: Hay una crítica que hacerle: la Iglesia no ha pedido suficiente perdón por los obispos y sacerdotes que han apoyado el nacionalismo e, incluso, el terrorismo de ETA. La Iglesia debería separarse de la vida política. La Constitución tiene que ser laica. Hay que respetar la libertad de culto, la libertad religiosa de todas las iglesias y de todas las creencias.

-A: En la Transición la Iglesia estaba muy condicionada y marcada con el sello franquista. Eso no le favorecía. Hoy es una instancia independiente. Ahora hay una Iglesia de los pobres, la de Teresa de Calcuta, que sigue vigente en España y que hace una labor gigantesca y admirable en favor de los más necesitados.

-C: Me viene a la cabeza una anécdota con Suárez siendo director de ‘El País’. En el libro de estilo yo impuse que todas las entrevistas se debían presentar al entrevistado antes de publicarlas, por si estaban mal recogidas o por si se quería arrepentir de algo. Cuando le envié a Suárez la primera entrevista que le hice, me llamó y me pidió que, por favor, quitara la última pregunta, que era sobre el divorcio. Por entonces no había ley del divorcio y yo le preguntaba qué iba a hacer. No recuerdo qué contestó. La quité porque estábamos en plena Transición. Me dijo que estaba recibiendo muchas presiones del Opus Dei. Por parte de la Iglesia hubo mucha actividad respecto a estos temas.

El papel actual de la Iglesia
-A: Volviendo al principio, creo que lamentablemente no vamos a llegar a hacer esas reformas constitucionales tan necesarias. Y si no se hacen, hay peligro. Veremos cómo las nuevas generaciones ya no querrán lo que hicimos en el 78. Están tan divorciadas del 78 como nosotros de la guerra de Cuba.

-C: Ahora se dan las condiciones políticas para afrontar esas reformas, lo que no se dan son las condiciones partidistas para abordarlas. Y para que haya continuidad en el régimen del 78 es indispensable que se reforme la Constitución.

-A: La España de la Transición, que nos ha hecho vivir 40 años de prosperidad, se ha terminado. Caminamos hacia una España diferente, que puede ser que sea mejor, y hacia un mundo diferente, que vamos a ver si es mejor de lo que hemos tenido hasta ahora. De lo que estoy seguro es de que ABC lo contará.

Luis María Anson con Aléxis Rodríguez, Enrique Yunta y Jesús García Calero – ABC
Regreso a la redacción de ABC
«Es la primera vez que piso la casa de ABC en veintitantos años», decía esta semana quien fue director de este periódico entre 1983 y 1997, y a cuya nueva sede acudió para entablar un diálogo con Juan Luis Cebrián. La entrada de Luis María Anson a la redacción fue una suerte de emotiva disrupción de la primera reunión de la mañana, en la que se dirigió a los presentes con su memoria prodigiosa (pese a que «la Covid», as eguró, la había reducido a la mitad) y su discurso deslumbrante. Un viaje fugaz por la historia y nacimiento del periódico «fundado por un visionario» (Torcuato Luca de Tena) y que ha sobrevivido a decenas de cabeceras «desde tiempos de Alfonso XIII». «Podéis estar muy orgullosos», aseveró Anson.