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Todo preparado para el primer vuelo orbital de turistas de la Historia

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Solo quedan unas horas. Alrededor de las dos de la madrugada, si todo sale como está previsto, una tripulación formada por cuatro personas que no son astronautas profesionales, la primera totalmente ‘amateur’, partirá del Centro Kennedy de la NASA en Florida (EE.UU.) a bordo de una nave de SpaceX en un viaje orbital de tres días. La misión, denominada ‘Inspiration4’, supone una campaña publicitaria sin precedentes para el dueño de la compañía, el multimillonario Elon Musk -Netflix emite un documental sobre la aventura y transmitirá en directo el lanzamiento-, al tiempo que promete dar un gran paso en el desarrollo del turismo espacial… aunque de momento sea tan solo para unos pocos privilegiados.

Sin duda, el programa es mucho más ambicioso que el de sus rivales Virgin Galactic y Blue Origin, que el pasado julio llevaron a sus respectivos fundadores multimillonarios, Richard Branson y Jeff Bezos, a la frontera del espacio, donde pasaron unos pocos minutos de ingravidez. La cápsula Crew Dragon, que será puesta en órbita por un cohete Falcon 9, irá mucho más lejos: alcanzará los 575 kilómetros, más allá de la Estación Espacial Internacional (ISS) o incluso del Telescopio Espacial Hubble. Dará la vuelta al mundo una vez cada 90 minutos a más de 27.360 km por hora, o aproximadamente 22 veces la velocidad del sonido.

El cohete Falcon 9 y la cápsula Crew Dragon, en la plataforma de lanzamiento 39A en el Centro Espacial Kennedy de la NASA

AFP
La misión será completamente autónoma, dirigida desde la Tierra. Si el cohete suborbital de Branson -cuyos vuelos han sido suspendidos después de que su nave registrara dos advertencias de peligro- tenía a dos pilotos altamente capacitados en los controles, aquí los turistas espaciales estarán solos. La tripulación, ya de por sí bastante llamativa, está compuesta por el multimillonario del comercio electrónico Jared Isaacman, de 38 años; la asistente médica Hayley Arceneaux, de 29; el ingeniero de datos aeroespaciales Chris Sembroski, de 42; y la profesora de geociencias Sian Proctor, de 51 años.

En una sesión informativa previa al lanzamiento llevada a cabo ayer martes, los nuevos ‘astronautas’ han reconocido estar ansiosos por despegar. «Me preocupaba que este momento nunca llegara en mi vida. Vamos, hagámoslo», dijo entusiasmada Proctor, que fue finalista en 2009 en el programa de candidatos a astronautas de la NASA.

Aunque el vuelo no está exento de riesgos, como una mayor exposición a la radiación en el espacio, Isaacman, fundador y director ejecutivo de la empresa de servicios financieros electrónicos Shift4 Payments, aseguró estar «emocionado, pero no nervioso». Experimentado piloto de avioneta, es el creador y benefactor de la misión, habiendo pagado a Musk una suma no revelada pero presumiblemente enorme para poner en órbita a los cuatro miembros de la tripulación.

La misma emoción reconoció Arceneaux, una sobreviviente de cáncer de huesos infantil que ahora trabaja con pacientes jóvenes con linfoma y leucemia en el Centro de Investigación Infantil St. Jude en Memphis, Tennessee, causa benéfica que pretende promover Inspiration4. Ella será la estadounidense más joven en el espacio y también la primera persona en llevar una prótesis fuera de la Tierra.

Por su parte, Sembroski es un exveterano de la Fuerza Aérea de Estados Unidos que sirvió en Irak y ahora trabaja en la compañía Lockheed Martin. Fue escogido tras hacer una donación al hospital St. Jude. Al evento de ayer se unió al menos una astronauta retirada de la NASA, Catherine ‘Cady’ Coleman, de 60 años, una veterana de dos misiones de transbordadores espaciales que habló para desear lo mejor a la tripulación de Inspiration4: «Queremos daros la bienvenida a la familia», afirmó.

La tripulación ha sido entrenada durante varios meses para soportar los inconvenientes del viaje, como la microgravedad. Para ello, experimentaron con alta fuerza G en una centrífuga, un brazo gigante que rota a gran velocidad, realizaron vuelos parabólicos y completaron una caminata en la nieve a gran altitud en el Monte Rainier, en el noroeste de Estados Unidos. Para comprobar que todo va bien, durante los tres días que estén en órbita antes de amerizar en el Atlántico, se les analizará el sueño, frecuencia cardíaca, sangre y habilidades cognitivas. Se realizarán pruebas antes y después del vuelo para estudiar el impacto del viaje en sus cuerpos. La idea es acumular datos para futuras misiones privadas de turismo espacial.

‘Inspiration4’ pretende hacer que el espacio sea accesible para más personas, aunque de momento parece que se va a quedar como un capricho para millonarios.