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Simulacro de comicios legislativos para que Putin se asegure su continuidad o pueda controlar su sucesión

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Por primera vez en unas elecciones legislativas en Rusia, las votaciones tendrán lugar durante tres días a partir del viernes. El recuento de papeletas comenzará el domingo por la noche y nadie duda de que la victoria será para ‘Rusia Unida’, el partido del presidente Vladímir Putin, formación que actualmente detenta la mayoría absoluta en la Duma Estatal (Cámara Baja del Parlamento ruso). Así lo indican al menos los sondeos oficialistas, que la oposición considera «manipulados».

Andréi, dueño de un quiosco del centro de Moscú que hace llaves y repara calzado, está convencido de que «el partido de Putin será con toda seguridad el más votado». Él no está de acuerdo totalmente con la actual política del Kremlin, pero cree que «no hay alternativa (…) cualquier otro partido lo haría peor o nos llevaría al desastre». Andréi dice que acudirá el domingo a última hora a su colegio electoral.

Las opciones, efectivamente, son muy limitadas. Entre los partidos inscritos está el de los comunistas, el que encabeza el ultranacionalista Vladímir Zhirinovski (LDPR) y ‘Rusia Justa’, grupo que se define como socialdemócrata, pero cuya política apenas difiere de las líneas generales que marca Putin. Estas tres organizaciones, totalmente domesticadas por el Kremlin, junto con ‘Rusia Unida’, la mayoritaria, son las únicas con presencia en el actual Parlamento.

También han sido autorizados a concurrir en los comicios de esta semana los liberales de “Yábloko” (manzana), aunque con todo tipo de zancadillas, como la estratagema de confundir al elector a base de clonar las papeletas del candidato a la Duma Estatal por San Petersburgo, Borís Vishnevski, con adversarios con idénticos nombres y apellidos y el mismo aspecto físico, o el veto directo que ha sufrido el candidato de “Yábloko” por Pskov, Lev Shlósberg, que no consiguió que la Justicia le dé la razón y se ha quedado fuera.

Peor parte se han llevado los eternos extraparlamentarios con Alexéi Navalni a la cabeza, al que intentaron envenenar el año pasado y que cumple ahora una condena de dos años y cinco meses de cárcel tras un juicio que hasta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) calificó de «politizado». Tiene además otras causas penales en curso, todas ellas, a juicio del propio líder opositor, «amañadas».

Voto inteligente
Las candidaturas de los partidarios de Navalni, muchos también en prisión, en arresto domiciliario o exiliados, han sido rechazadas porque sus organizaciones fueron calificadas por los tribunales rusos de «extremistas». Sin embargo, confían en que funcione el llamado «voto inteligente», consistente en apoyar al candidato, de cualquier otro partido salvo el de Putin, que tenga más posibilidades de vencer. Tratando así de que »Rusia Unida’ obtenga el menor número de diputados posible de los 450 que tiene la Duma. Esta táctica ha dado resultado en el pasado, por lo que las autoridades tratan de combatirla a toda costa. Todas las cuentas en las redes sociales llamando al «voto inteligente» han sido bloqueadas.

Otra amenaza que se cierne sobre las actuales legislativas es la del fraude en el recuento de votos, como ya ha sucedido en otras convocatorias. A la falta endémica de interventores, debido a la imposibilidad de cubrir todo el inmenso territorio de Rusia, y a las presiones directas que sufren en algunas regiones los que representan a las formaciones que no cuentan con el visto bueno del poder, se une que esta vez habrá tres días de votación y la posibilidad de emitir la papeleta de forma electrónica.

Grigori Melkoniants, copresidente de la ONG ‘Golos’, que defiende los derechos de los electores, sostiene que «observadores independientes habrá solamente en la mitad de los colegios electorales» de Rusia, lo que, unido a que las urnas permanecerán demasiados días sin vigilancia, dejará un amplio margen a la posibilidad de manipulación de los resultados. Incluso las cámaras que antes filmaban el proceso de votación en los colegios han sido ahora retiradas.

El dirigente de ‘Golos’, organización catalogada en Rusia como “agente extranjero” con las limitaciones que tal estigma acarrea, llama también la atención sobre el hecho de que «en algunos territorios de Rusia, por ejemplo en el Cáucaso Norte, existe un claro peligro para los interventores que traten de denunciar prácticas irregulares». Por otro lado, Melkoniants cree que el voto electrónico en Moscú se ha dispuesto de forma que se podrá más o menos fiscalizar, pero admite que «será imposible hacerlo a nivel de todo el país».

Y es que esta vez Putin necesita que su partido conserve la mayoría absoluta más que nunca. Gracias a ello, el año pasado pudo afrontar una reforma constitucional que le concede la posibilidad de continuar en el poder dos mandatos más, hasta 2036. Según el columnista ruso, Konstantín Eggert, el máximo dirigente ruso «podría necesitar de nuevo tal mayoría para acometer decisiones de alto calado relacionadas son su futuro político (…) bien para garantizar su continuidad al frente del país o para asegurarse que jugará un papel clave a la hora de designar a su sucesor».