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Gimnastas olímpicas a los 17 años y jinetes rozando los 40

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Van casi 20 años de diferencia entre una gimnasta olímpica y un jugador de polo. Un poco menos si el jinete se deshace del taco, el elemento con el que se golpea la pelota, y cambia la pista de juego por la de doma o los obstáculos. Y son diez años de diferencia los que hay entre la edad media de las mujeres que iban a unos Juegos hace 50 años y la actual, mientras el número de féminas ha ido también en aumento.

Qué acertado aquel apodo de las Niñas de Oro para las gimnastas que subieron a lo más alto del podio en Atlanta’96. Eran unas niñas. Mediaban 16 años. Y consiguieron llevarse la primera presea de oro en la historia de los Juegos Olímpicos en la modalidad de conjuntos de gimnasia rítmica. Tienen otro récord: estar entre las deportistas laureadas más jóvenes de España. A la cabeza está Lorena Guréndez, que se colgó la medalla con 15 años y 87 días.

De media, las deportistas que han competido en gimnasia rítmica en unos Juegos han acudido con 19 años. Todavía les superan las atletas de artística, que no alcanzan la mayoría de edad. Y no han competido chicos en la primera modalidad, pero en la segunda sí y la edad aumenta en tres años. Tomando los datos hasta Río’16, ellos acuden con 20 y ellas, pasados los 17. <iframe title=»Edad media deporte» aria-label=»Gráfica de puntos» id=»datawrapper-chart-Hzhqd» src=»https://datawrapper.dwcdn.net/Hzhqd/» scrolling=»no» frameborder=»0″style=»width: 0; min-width: 100% !important; border: none;» height=»965″></iframe><script type=»text/javascript»>!function(){«usestrict»;window.addEventListener(«message»,(function(e){if(void 0!==e.data[«datawrapper-height»]){var t=document.querySelectorAll(«iframe»);for(var a in e.data[«datawrapper-height»])for(var r=0;r<t.length;r++){if(t[r].contentWindow===e.source)t[r].style.height=e.data[«datawrapper-height»][a]+»px»}}}))}();</script>

En la parte de arriba aparece el polo, disciplina en la que España solo ha debutado en competición oficial en Amberes 1920 y París 1924. Entonces, el perfil del deportista olímpico era harto diferente. Las modalidades como el propio polo, la esgrima o el tiro solían estar reservadas a las personas establecidas en las clases sociales más altas y coincide también que median las edades más altas. Por ejemplo, en el equipo que ganó la plata en Holanda el jinete más joven era Álvaro de Figueroa, marqués de Villabrágima, que en 1920 cumplía 27 años. Aunque cuando compitió lo hizo con 26.

En la capital francesa, la delegación española participó también (además de en polo, esgrima y tiro) en atletismo, boxeo, fútbol, hípica, lucha, natación, saltos, remo, tenis, vela y waterpolo. Boxeadores, deportistas de las disciplinas acuáticas y futbolistas eran los más pequeños y mediaban unos 23 años. No había ninguna mujer.

Y no es que solo acudieran deportistas consumados a los Juegos en aquellos años, también los había muy jóvenes, sobre todo en posiciones en las que un atleta menudo puede ser un valor muy grande. Por ejemplo, Ricardo Margarit, timonel en el equipo de remo de los primeros Juegos en los que participó España. Compitió en el año de su 16 cumpleaños, pero al ser de diciembre, del 8 de diciembre de 1884 concretamente, lo hizo con 15. En la posición de timonel también compitió en Barcelona’92 Carlos Front, el que se iba a convertir en el olímpico español más joven de la historia. Fue en el año de su 12 cumpleaños, pero entonces tenía 11.

En la lista de los españoles más jóvenes en competir en unos Juegos se repiten entre los primeros puestos las gimnastas, también nadadores y algún remero. En el caso del remo, por disciplinas se ubica en la zona baja de la tabla, con una media de 24,4 años y queda lejos, diez años lejos, de disciplinas como la hípica (35,3) o el tiro (34,8). También aparecen arriba deportes como el tenis de mesa, el golf, olímpico desde la pasada edición, o el ciclismo BTT, en cuyas pruebas ha competido un número bajo de deportistas (once, cuatro y once, respectivamente). Por contra ha habido 83 tiradores y 66 jinetes y amazonas.

Se toman en cuenta en este análisis todas las participaciones que ha podido tener un deportista y, con ello, la edad que cumplía en el año de celebración de los Juegos. Así, por ejemplo, la amazona Beatriz Ferrer-Salat aparece en las cuatro ocasiones en las que ha debutado en unos Juegos, con los 30 años que cumplía en 1996, los 34 en 2000, los 38 en 2004 y los 50 en 2016.

La amazona catalana, que vuelve a los Juegos este año en Tokio, ostenta el título de ser la olímpica española más longeva. Y lo reeditará si con 55 años sale a la pista, y por tanto debuta, en la competición que comienza hoy.

Se quedará, no obstante, lejos todavía del vitoriano Emilio Álava, que es hasta la fecha el deportista español de más edad en competir en unos Juegos. Lo hizo en Helsinki 1952 en la disciplina de tiro y tenía entonces 63 años.

Ellas, diez años más mayores
La diferencia de 13 años que hay entre la deportista olímpica más longeva y su homólogo masculino (que será de ocho a partir de Tokio) es parte de la brecha histórica entre hombres y mujeres. Ellas se incorporaron mucho más tarde a la práctica deportiva y también llegaron mucho después a los Juegos. Y cuando lo hicieron eran mucho más jóvenes que ellos.

Tomando como referencia los años que cumple el deportista en el año de celebración de los Juegos, la media de edad de ellas es de 24,7 y la de ellos de 26,6. Una diferencia de dos años que era de ocho en 1976. En Montreal participaron diez féminas, entre ellas la mujer más joven, la nadadora mallorquina Antonia Real. La mayoría eran nadadoras o gimnastas artísticas y tenían menos de 20 años. La más mayor, que ese año cumpliría 21, era la atleta turolense Carmen Valero.

La brecha se ha ido cerrando con los años, conforme la participación femenina ha ido creciendo. Barcelona’92 fue un revulsivo, tanto a nivel de número de deportistas (fueron 125 frente a las 29 de la edición anterior) como de la edad a la que estas alcanzan el hito de acudir a unos Juegos (sube de 19,9 a 22,9 años). De hecho, la media nunca ha vuelto a bajar de 20.

Con 22 años acudió por primera vez a unos Juegos la nadadora artística Ona Carbonell. Debutó en Londres 2012 y en Tokio, con 31, afronta su tercera participación en esta cita. Nueve años de carrera profesional y de vida en los que le han pasado muchas cosas, entre ellas ser madre. Así que al conseguir su billete olímpico preguntó sobre la posibilidad de llevara su hijo Kai, ya que es lactante. Le dijeron que no, debido a las restricciones impuestas por el gobierno japonés por el coronavirus. Otras atletas se sumaron, como la baloncestista canadiense Kim Smith Gaucher, de 37 años: «Tengo que decidir entre ser una madre lactante o ser una madre atleta», dijo. Finalmente, consiguieron que pudieran llevar a sus hijos y acompañantes, pero en un hotel diferente y sin poder salir de la habitación. Una opción que rechazó la nadadora española, que finalmente viajará sola.

Así que tomando los datos de las mujeres que han debutado en unos Juegos hasta Río’16, la media ha subido a 27,4 años. Compitieron en Brasil 143 féminas. Hace 50 años, en 1968, solo participaron dos: las nadadoras Pilar von Carstenn y María Paz Corominas mediaban 17,6 años. Son diez años de diferencia en medio siglo. Un tiempo en el que las edades de hombres y mujeres se han aproximado, pero en el que hay brechas que siguen vigentes.