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No hay muchas ganas de murga en la Ciudad del Paraíso

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Iba a hacer un artículo chachi hablando de la Semana Santa, hoy que, al ser Domingo de Ramos, todos estamos con el lagrimal fácil y la memoria en carne viva, con la infancia enviándonos postales continuas sobre las procesiones de nuestra infancia y, tal vez, algunos de ustedes estén recordando a los muertos y a sus familiares contagiados, a quienes lo están pasando mal o al dueño de un bar o de un comercio que, por culpa del bicho, tienen el futuro más gris que una mañana de lluvia de noviembre. De cualquier forma, esta columna va de política municipal y, no me lo negarán, las cosas están entretenidas en el Ayuntamiento. Hemos tenido un pleno, el pasado jueves, creo, en el que se habló del pin parental, de quitarle las medallas y honores al rey Juan Carlos y del nombre de las calles, temas que pueden ser más o menos urgentes, pero que esconden lo realmente importante: el hecho de que muchos malagueños van a estar en paro en unos meses y, además, una parte importante de ellos sufrirá directamente las consecuencias nefastas de esta pandemia. Fuera del Consistorio, los vecinos de El Palo, que tienen una fe inquebrantable en las posibilidades de la protesta ciudadana, volvieron a pedirle a la Junta que les amplíe el ambulatorio y la Junta, qué coincidencia, anunció el mismo día que va a hacer un centro de alta resolución de especialidades y el ambulatorio en el mismo edificio en el que se encuentra el centro de atención primaria, echando abajo este y haciendo un inmueble más alto para que quepa todo. Mientras, las consultas se van a la antigua facultad de Derecho de la UMA, que está también por allí. Lo cierto es que esta historia tan antigua ya olía, aunque bien es cierto que la Junta socialista tiene mucho que decir aquí porque estuvo casi cuatro décadas en el poder en Sevilla y nunca hizo ese tercer hospital para El Palo, pero lo del este nuevo gobierno comenzaba ya a ser preocupante. Ahora sólo hace falta que lo dicho por la delegada del Gobierno andaluz en esta provincia se cumpla. Para que no haya más protestas, digo. También ha estado entretenida esta semana la peleíta dialéctica entre la líder de los Anticapitalistas, Teresa Rodríguez, y el alcalde, Francisco de la Torre. El segundo fue preguntado sobre la incoherencia que puede deducirse del hecho de que aquí pueda venir todo Dios y nosotros no podamos ir a la provincia de al lado. «Estamos como sacrificando nuestra movilidad para garantizar un espacio más seguro para aquellos que vienen de fuera y dinamizan la economía», indicó el regidor. La exlíder de Podemos en Andalucía le dijo que «el único escollo para que el modelo turístico se desarrolle en toda su plenitud» en la región «somos los andaluces que andamos por aquí». Y también aludió a la edad del regidor, y, aunque su crítica pudiera ser certera, perdió la razón al perderle las formas, como suele ocurrir habitualmente, por cierto. Luego, la portavoz popular en el Consistorio, Elisa Pérez de Siles, contestó a esta política: «Es lamentable mostrar ese desprecio, pedimos un respeto a las personas mayores que no se merecen esa gracieta indecente en un momento en el que han fallecido decenas de miles de mayores». Total, que la historia llegó a ser tendencia nacional en las redes sociales. Aunque lo que soltó De la Torre tiene telita, se lo digo yo que lo he escuchado esta semana en boca de tres personas ajenas a la microburbuja en la que convivimos políticos y redactores. Y, claro, si uno le atiza al alcalde después de haber dinamitado su proyecto político sale en más sitios. Pero hay que quedarse con el fondo, porque Rodríguez habló de la turistificación y de sus consecuencias, y al equipo de gobierno eso ha empezado a preocuparle. ¿Por qué, si no, se habla ya en el plan estratégico de turismo 2021-2024 de tomar medidas contra la turistificación? Este asunto hay que tomárselo en serio ya. No hemos de darle más la espalda. No se trata de renunciar al turismo, sino de hacerlo sostenible y de que los malagueños podamos convivir con los turistas. Se trata de abrazar la sostenibilidad y la mesura. Y no morir de éxito. Hablando de éxito, esta semana han cumplido años tres museos malagueños y todos los actores consultados piden que no se dé ni un paso atrás en la política cultural de la ciudad. Yo, con eso, estoy bastante de acuerdo. Pero también convendrán conmigo en que más museos no hacen falta. Si acaso apostar más por la cultura local y por el patrimonio. Igual va siendo hora de dejar de destrozar los restos que hallamos y nos viene bien integrarlos en la trama urbana con el fin de que conozcamos nuestra historia y sepamos valorarla. Conocer nuestra historia implica, por supuesto, saber de qué viven la mayoría de los malagueños, y me refiero a tirios y a troyanos, y al futuro alcalde o alcaldesa tal vez le vendría bien no jugar con las cosas turísticas y/o culturales de comer, pero, al mismo tiempo, buscar diversificar nuestra economía explorando nichos industriales haciendo de tahúr: la mano izquierda para mejorar la sostenibilidad turística y acabar con la precariedad laboral (que existe, como Teruel), y la derecha para impulsar una industria que permita que los malagueños y malagueñas jóvenes se queden cerca de sus familias y sólo se vaya quien quiera. Lola Villalba, por cierto, ha sido elegida de nuevo secretaria de Servicios de CCOO en la provincia. No hay nadie más válido para ese cargo. Y para los que le echen. Ni que luche más por los que de verdad son los protagonistas de nuestro sector turístico: los currelantes, que diría Carlos Cano. No hay ganas de murga en la Ciudad del Paraíso.