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Javier Sánchez, el hijo ilegítimo de Julio Iglesias: «Sería un escándalo que la justicia diera la razón a mi padre»

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Javier Sánchez Santos (44 años) se encontraba en el supermercado de una conocida cadena de centros comerciales cuando, el pasado 7 de mayo, recibió la llamada de su procuradora, quien le comunicó el fallo de la sección décima de la Audiencia Provincial de Valencia. La conversación duró escasos minutos. Cuando colgó, no pudo contener las lágrimas. La sentencia del tribunal tiró por tierra el halo de esperanza que a Javier le produjo conocer en julio de 2019 la sentencia del Juzgado de Primera Instancia número 13 de Valencia, que declaró que era hijo biológico de Julio Iglesias. «En ese momento seguíamos confinados por la pandemia y, en el camino hasta casa, no dejé de llorar», cuenta a ABC en conversación telefónica desde Valencia. «Al llegar, abracé a mi mujer y pensé en lo injusta que es la vida», dice.

Cuando decidió presentar la demanda de paternidad contra Julio Iglesias en septiembre de 2017, Javier se mentalizó de que el camino hasta la victoria iba a ser largo y que el cantante no se lo iba a poner fácil. Por eso, reconoce que no está permitiendo que la batalla judicial le afecte como le afectó a su madre en el pasado: «En su momento Chiara [su mujer] y yo lo hablamos y decidimos que esto lo llevarían mis abogados y que me mantendría al margen». Aún así, de vez en cuando se desahoga en su cuenta de Instagram. «Lo hago porque no me gustan las injusticias y creo que, en todo lo que se refiere a casos de filiación, he sufrido la mayor de las injusticias», explica.

En cuanto terminó el confinamiento. Javier y su mujer cogieron a la pequeña Angelina, que acaba de cumplir un año, y se instalaron en una casa que tienen muy cerca de Costa Esmeralda, en Cerdeña. Volvieron a Valencia hace unos días. Allí Javier siempre consigue la tranquilidad que necesita. Una calma que le ha permitido sentarse cuatro horas al día frente al mar para escribir un libro donde cuenta su historia. «Ahí la gente podrá hacer comparativa entre la vida que he tenido yo y la que han tenido mis hermanos. Los privilegios que han tenido ellos y que a mí me han negado toda la vida. Lo bueno y por lo que doy gracias es que amor no me ha faltado por ningún lado», apunta.

Antes de marcharse a Cerdeña, su abogado Fernando Osuna presentaba un recurso de casación ante el Tribunal Supremo. El caso de Javier contra Julio Iglesias no puede ser más paradógico. Hasta ahora parecía que quien acudía a los juzgados con una demanda de paternidad y una prueba de ADN ya hecha, conseguía la filiación que pedía. Es un derecho fundamental que recoge el artículo 39.2 de la Constitución Española, que dice que «la ley posibilitará la investigación de la paternidad». Este caso, sin embargo, ha demostrado que la coincidencia genética no es suficiente para atribuir una paternidad. Se trata de una cuestión meramente procesal. Y es que, la sentencia del pasado mes de mayo argumentó que el caso que se quería discutir -la paternidad- ya se había juzgado en la década de los 90 y, por tanto, era cosa juzgada. Así, el tribunal no entró a discutir el fondo del asunto, es decir, la filiación entre Javier y Julio Iglesias. En el escrito tampoco se habló sobre el ADN que certifica la filiación entre ambos; ni sobre las reiteradas negativas del cantante a hacerse un test de paternidad que los jueces de Primera Instancia, (el de los 90 y el de ahora) le pidieron en varias ocasiones.

«Me gustaría conocer a mi padre»
Desde que se presentó el recurso de casación han pasado diez meses. Y, aunque ha estado muy entretenido y está «en una etapa muy feliz» tras la llegada de su hija, a Javier la espera se le empieza a hacer larga. «Lo único que espero es que los jueces no miren para otro lado. Que se centren en el fondo del asunto y se haga justicia. Lo veo difícil. Estos meses he leído muchos libros sobre mi padre, he visto muchos documentales y entrevistas y he visto toda la influencia política y social que tiene, y creo que en estos casos cuenta mucho», asegura. Y añade: «Lo más grave es que se me está negando un derecho fundamental, que es saber quién es mi padre. Y en este caso es más grave todavía porque hemos presentado muchas pruebas además de la prueba de ADN, que, aunque no cuenta como prueba, sí se considera un indicio de prueba. Hay muchos ojos mirando este caso y yo creo que a la justicia no le conviene ponerse del lado de Julio Iglesias porque no solamente no tiene razón, sino que sería un escándalo». Javier está dispuesto a llegar hasta el final: «Si el Supremo falla a su favor, recurriremos al Tribunal Constitucional. Si sigue fallando a su favor, iremos a Estrasburgo y allí empezaré a ser optimista. Ojalá no tengamos que llegar tan lejos». Desde que comenzó el proceso, ha preferido esperarse «lo peor»: «Así, si me dan el bofetón, no me dolerá tanto».

¿Siente rabia cuando piensa en Julio Iglesias?

Va a días. Una cosa que he aprendido de Chiara es a conseguir que desaparezca el rencor. Ella me ha enseñado a ver la vida con otros ojos y a saber perdonar. Yo estaba totalmente alejado de Dios y con ella me he acercado mucho y he aprendido a no vivir con rabia. Vivo con la esperanza de que algún día mi padre cambie de opinión y quiera conocerme.

¿No lo considera una utopía?

Lo pienso mucho. Hubo una época en mi vida en que no quería hablar de él ni que la gente me hablase de él. Me quería alejar totalmente. Pero ahora siento la necesidad de conocerle. Me gustaría que me contase mil historias y sobre todo me gustaría preguntarle por qué me ha rechazado.

¿Tiene alguna teoría?

No tengo ni idea de por qué mi padre me rechaza así cuando yo no tengo culpa de nada. Pienso en mil cosas, pero seguro que estoy equivocado en todas ellas. Él viene de una familia bastante conservadora y de derechas, no sé si tendrá algo que ver. Si es una persona cercana a Dios debería ver las cosas de otra manera. Es verdad que en las biografías no le ponen de buena persona, a mí me ha demostrado lo mismo también.

Julio Iglesias ha amasado una fortuna que se estima en 850 millones de euros. Javier prefiere no especular sobre una futura herencia que, además, le daría muchos quebraderos de cabeza. «Mis prioridades ahora han cambiado porque he tenido una hija, pero me conformo con muy poquito. Me gustaría darle a Angelina la educación que yo no tuve. Por lo demás, llevo una vida muy humilde y tranquila, si heredase tantos millones me vendría hasta mal. Me podría volver loco», apostilla. Según su abogado, un fondo de inversión está dispuesto a comprar los derechos sobre su herencia: «Me quitan un peso de encima porque yo con poco vivo muy bien. Mi lucha es otra: que se me reconozca como hijo de Julio Iglesias».