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Yoshihide Suga, trabajador infatigable y karateka, pero con poco carisma

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Hasta que agote el mandato de un año que le quedaba a Shinzo Abe como presidente del Partido Liberal Democrático (PLD), Yoshihide Suga podrá disfrutar del poder como primer ministro de Japón tras su nombramiento por parte de la Dieta este miércoles. Al contrario que la mayoría de líderes de su partido, que pertenecen a la élite política que viene dirigiendo Japón desde la II Guerra Mundial, sus orígenes son muy humildes.

Nacido el 6 de diciembre de 1948 en un pueblo de la prefectura de Akita, en la costa noroccidental de Japón, su padre, Wasaburo, era un ferroviario destinado en la región china de Manchuria durante la ocupación nipona y su madre, Tatsu, maestra de escuela. Aunque se esperaba que Yoshihide heredera el negocio familiar de fresas, ha contado que «básicamente huí de casa» para no trabajar en el campo y se buscó la vida en Tokio. Tras licenciarse en la Universidad de Hosei y pasar por varias ocupaciones como guardia de seguridad y asistente de un periódico, este hombre «hecho a sí mismo», conservador y amante del kárate, entró en política primero como secretario en la Dieta y luego, en 1987, en el Ayuntamiento de Yokohama. Casi una década después, en 1996, fue elegido diputado por un macabro golpe de la diosa Fortuna. Cuando falleció de forma inesperada el hijo de un anciano diputado que iba a suceder a su padre, se quedó una circunscripción libre en el PLD que fue ocupada por Suga.

Tras obtener su escaño con 47 años, se labró una imagen muy nipona de trabajador infatigable que sigue cultivando hoy día, ya que asegura levantarse cada día a las 5 de la mañana y hacer deporte y revisar la Prensa y los documentos oficiales antes de ir a la oficina a las nueve. De gustos culinarios frugales para no perder tiempo, según el perfil que publica Kyodo, celebra dos ruedas de prensa cada día y mantiene dos docenas de reuniones, varias de ellas al anochecer.

Aunque coincide con Abe en reclamar la vuelta de los japoneses secuestrados por Corea del Norte en los años 70 y 80, tiene menos experiencia que los otros dos aspirantes al cargo en política internacional y parece más centrado en reactivar la economía de Japón, la asignatura pendiente que tiene esta potencia mundial desde hace dos décadas.