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Sánchez desaparece mientras las fuerzas de emergencia salvan el caos

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No fue hasta las cuatro de la tarde de ayer cuando el jefe del Gobierno, Pedro Sánchez, comenzó a ponerse en contacto con los presidentes de las Comunidades Autónomas más afectadas por la borrasca Filomena con el fin de reforzar «las actuaciones coordinadas», según informó entonces la Secretaría de Estado de Comunicación. Entre ellos, llamó a Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, y a José Luis Martínez-Almeida, alcalde de la capital. La región sufría desde la víspera un temporal sin precedentes que había dejado a miles de personas atrapadas en las carreteras durante la noche. Es el territorio más golpeado por la nevada, pero no el único.

Desde Moncloa, se trataba de transmitir una imagen de «máxima coordinación entre las administraciones» para luchar contra los efectos de la borrasca». Pero, para entonces, el principal partido de la oposición, el PP, ya venía criticando el mutismo del presidente del Gobierno durante las primeras horas del peor temporal en los últimos 50 años.

Antes de Sánchez, el titular de Transportes, José Luis Ábalos, había asegurado el viernes, en declaraciones a TVE, que todo estaba preparado y controlado para recibir a Filomena. Incluso, por la noche, llegó a asegurar en Antena 3 que todo estaba funcionando, cuando ya había miles de personas atrapadas en las carreteras y el aeropuerto de Madrid había tenido que ser cerrado.

El ministro, sorprendido
Pero el ministro no hizo un primer balance oficial de la situación hasta mucho después, al principio de la tarde del sábado, cuando tuvo que admitir que en el Gobierno estaban «sorprendidos por la magnitud de la tormenta», a pesar de que Meteorología llevaba días advirtiendo de lo que se avecinaba. No obstante, desde el Ejecutivo insistieron en que se había actuado con una previsión y un sistema de coordinación «sin precedentes». Así lo reiteró Ábalos: «Ha sido el dispositivo más ambicioso, mejor dotado y de mayor coordinación hasta la fecha».

Emergencia y la UME
La sorpresa del Gobierno ante la magnitud de la nevada era caos en la vida real. A la hora en que hubo ese primer pronunciamiento, la Guardia Civil había uxiliado ya a 799 personas y evacuado a otras 418. Un total de 611 carreteras y puertos, cien en la red principal, se encontraban «afectadas» por la nevada, según el Ministerio del Interior, que por la tarde comunicaba que eran ya 657, de los cuales 133 se encontraban absolutamente cortados. En total comprendían 19.720 kilómetros de vías, en los que los servicios de emergencia, las Fuerzas de Seguridad y los militares multiplicaron esfuerzos, de forma prioritaria para rescatar a quienes se vieron atrapados en sus vehículos.

Ese operativo de salvamento había empezado a funcionar la tarde noche del viernes, cuando nadie del Gobierno había comparecido y en Barajas comenzaban a desviarse vuelos. La M-40 en Madrid registró enseguida embolsamiento de coches, en algunos casos agónicos debido a las muy bajas temperaturas, que posteriormente se reprodujeron en otras localizaciones: A-3, A-4 y A-5, a la altura de municipios en torno a la capital como Móstoles, Alcorcón, y más alejados, Aranjuez y Ciempozuelos.

A mediodía, el titular de Interior indicó que se había socorrido a las
1.500 personas que viajaban en el 70 por ciento de los vehículos bloqueados, y que se trabajaba en liberar al otro 30 por ciento. No fue hasta las 19 horas cuando la Comunidad de Madrid informó de que no quedaba nadie retenido en sus carreteras, la misma Comunidad de Madrid que solicitó la activación de la Unidad Militar de Emergencias (UME), que empezó desplegando 98 efectivos y 45 vehículos y anoche tenía en la región más de 200 efectivos y 75 medios rodados.

La UME acudió en apoyo de Protección Civil, Guardia Civil, Bomberos y Cruz Roja, y por la tarde trabajaba en despejar el acceso al primero de los hospitales madrileños, el Gómez Ulla, tras haber habilitado la gran arteria de la capital, el Paseo de la Castellana. Otros 134 militares operaban en la comarca albaceteña de Alcaraz y Segura y la UME instalaba en Valladolid un núcleo logístico en previsión de un posible despliegue. La ministra de Defensa, Margarita Robles, avanzó que tanto la UME como el resto de los Ejércitos estarían a disposición de las necesidades.