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Sánchez y Conte refuerzan su alianza para intentar ganar peso en Europa

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Pedro Sánchez y Giuseppe Conte, España e Italia, certificaron ayer una alianza política que pretende reforzar su voz en el seno de la Unión Europea. Con la migración y los fondos europeos como prioridades. El club comunitario ha vivido dependiente durante años del liderazgo franco-alemán y en los últimos tiempos asiste al reposicionamiento de los Estados miembros en diferentes espacios.

El club de Visegrado por un lado; los llamados frugales, por otro, y Alemania y Francia intentando preservar su posición hegemónica. La salida de Matteo Salvini del Ejecutivo italiano ha cambiado drásticamente la relación de Madrid con Roma.

Junto al primer ministro portugués, el socialista Antonio Costa, el primer ministro italiano se ha convertido en el principal aliado del presidente del Gobierno. El vínculo es muy estrecho, las debilidades comunes y existe una «fuerte sintonía en los retos de nuestro tiempo», en palabras de Giuseppe Conte.

Los dos países reforzaron ayer su alianza en una cumbre hispanoitaliana celebrada en Palma de Mallorca para reforzar su capacidad de negociación en una Europa en convulsión y en constante debate sobre sí misma.

Reformar los mecanismos
De esta cumbre de alto nivel -acompañaron a cada dirigente una decena de ministros- emanaron varios acuerdos y una declaración conjunta que expresó en materias muy transversales la fuerte sintonía de ambos líderes. En el marco de esta reunión ambos países dieron a conocer que, en compañía de Grecia y Malta, han lanzado un pulso para modificar el pacto migratorio de la UE.

Estos cuatro países presentaron un documento de trabajo para reformar los mecanismos de solidaridad europeos en apoyo a los países del sur, que representan la primera frontera europea. El documento fue enviado al presidente del Consejo Europeo, Charles Michael, a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y a la canciller alemana, Angela Merkel.

La propuesta suscrita por el Gobierno español carga contra el pacto migratorio planteado por la Comisión Europea que, a juicio de estos cuatro países, contiene «desequilibrios» en los planteamientos respecto a la solidaridad europea. Fuentes gubernamentales consideran que el debate en el marco comunitario está todavía poco maduro como para considerar que el acuerdo está cerca. Estos cuatro países consideran que las reglas propuestas son «detalladas y estrictas» en lo que respecta a las responsabilidades de los Estados de primera entrada, mientras que, por contra, «el mecanismo de solidaridad sigue siendo complejo y vago».

Estos países conceden que la solidaridad «se puede expresar de manera flexible», a través de la reubicación o el apoyo operativo. Pero reivindican que «la noción de reubicación obligatoria debe mantenerse y perseguirse como la principal herramienta de solidaridad». Plantean además que las soluciones basadas en no permitir la entrada en la UE de aquellos que no pueden optar a la protección internacional «son poco realistas y no funcionarán». Reclaman al resto de socios un papel más activo: «Las normas de solidaridad y el compromiso conexo de todos los Estados miembros deben definirse claramente.

Los Estados miembros de primera línea no pueden afrontar la presión migratoria sobre toda la UE». Conte fue tajante: «El acuerdo de Dublín sobre migración hay que cambiarlo. Algunos países tienen una ventaja geográfica y se sienten al margen. Pero yo les digo que esto podría cambiar. Un día la emigración puede llegar del Este. Por eso hay que establecer mecanismos de solidaridad».

Al margen de este asunto, Sánchez y Conte tienen un mes para intentar hacer pinza en la UE y desbloquear los fondos europeos que frenan Hungría, Polonia y Eslovenia. Sánchez fijó el horizonte de tratar de «alcanzar un acuerdo a 27 antes del 31 de diciembre». Pero ya apuntó a que, a futuro, hay «revisar los mecanismos en la toma de decisión» para sustituir la unanimidad, que otorga capacidad de veto a un país, por un modelo de mayorías cualificadas.