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«Comunicar el acercamiento de un preso de ETA a una víctima es como darle la noticia de un cáncer»

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Desde julio, el departamento Psicosocial de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) ha tenido que telefonear a tres familias en tres ocasiones diferentes para informarles del acercamiento al País Vasco de sucesivos presos etarras implicados en los crímenes de sus seres queridos. Nunca antes había sucedido.

«El impacto emocional es grande, como las noticias negativas de carácter oncológico… y en estos casos ha habido que comunicarles, no que les ha salido un cáncer, sino tres». Lo explica Natalia Moreno, doctora en Psicología y gerente de la AVT, una organización que hace tiempo asumió el compromiso de avisar a sus afiliados en cuanto tuviera conocimiento de cambios en la situación penitenciaria de los terroristas adscritos a sus respectivos casos. Las llamadas más difíciles, lamenta, las que tienen que ver mudanzas rumbo al norte de condenados por delitos de sangre, se han multiplicado desde principios de verano. A la misma velocidad a la que el Ministerio del Interior ha ido acelerando la aprobación de esos movimientos. Y eso que Fernando Grande-Marlaska transmitió en 2018 que nunca habría mejoras para estos delincuentes que detonaban las bombas y apretaban los gatillos de ETA.

El primer traslado de un asesino fue el de José María Arregui Erostarbe, «Fiti», que fue dado a conocer con alevosía navideña el pasado 30 de diciembre, a pesar de lo que acaparó grandes titulares. Esta semana se han hecho públicos los desplazamientos de otros 6 etarras, cuatro de los cuales suman 33 ejecuciones. A fuerza de anunciar acercamientos y más acercamientos, la repercusión ha sido baja, aún teniendo en cuenta que entre ellos consta Antonio Troitiño, que acumula penas de 4.700 años como responsable de 22 muertes, incluídas las de los doce guardias civiles destrozados en la masacre de la madrileña Plaza de la República Dominicana en 1986. Cambia la cárcel de Estremera (Madrid) por la de Soria. Y la de Almería por la prisión de Logroño Andoni Otegui, autor en 2002 del atentado de Santa Pola que acabó con la vida de dos personas, una de ellas una niña de seis años.

Tristeza, victimización, indefensión…
Ninguna de las víctimas de estos dos ataques consultadas ha hablado. No han querido o no han podido. «Psicológicamente, les afecta a todos. El hecho traumático ya ocurrió, pero ahora les toca digerir otro golpe y aparece la sintomatología más inicial, el llanto descontrolado, la tristeza… pero sobre todo, en el 100% de los casos, la percepción de injusticia, de abandono, de que se les está volviendo a victimizar», indica Natalia Moreno.

Esa percepción de injusticia, añade, desemboca a menudo en «una sensación de indefensión, que compensan con el enfado, que empodera, es sano y adaptativo, pero les cuesta a quién culpabilizar, porque no hay una persona concreta… se quejan del Gobierno, sí, pero muestran indignación con las administraciones públicas, con el sistema, que es quien tiene que protegerles, que cuidarles después de tanto sufrimiento…».

El recorrido por el dolor que desencadenan estos traslados hace ver que notificarlos a los familiares no es fácil. Y además lo hacen a contrarreloj. Porque Interior se comprometió a infomar a las asociaciones con tiempo suficiente para que pudieran contactar con las familias y evitar que se enteraran por la tele. Pero ahora ese intervalo casi no existe.

«Cada vez que llegan nuevos traslados se nos revuelve todo… nos los comunican casi a la vez que se están produciendo y tenemos que actuar con toda urgencia». La AVT recibe los nombres de los terroristas, los abogados buscan cuáles fueron sus atentados, sus víctimas, se filtra a quien llamar -«no a una madre a la que mataron un hijo y tiene 96 años, no tenemos control sobre su reacción, no sabemos si está sola, si tiene demencia…»- y se marca el teléfono. «Tenemos que presentarnos, avanzar que vamos a dar una noticia desagradable y ver qué tipo de información tienen… hace poco una señora mayor estaba convencida de que todos los etarras de los que le hablábamos estaban muertos. Pero no, habían obtenido una progresión de grado».

Agradecimiento a la voz cercana
«Muchos no tienen información exacta de sus casos. Porque no les importa, les hace daño o por desconocimiento… hay que imaginar una viuda en los años 80 que tuviera que dejar el País Vasco con niños, y que bastante ha tenido con sobrevivir», recuerda la psicóloga. También hay reacciones de resignación.

En los avisos de cientos de acercamientos hay dos constantes. Una, el nulo impulso de venganza. «Son muy coherentes, no piensan en castigar usando lo mismo que ha ellos les ha hecho tanto daño». Otra, y principal: «el agradecimiento, muchísimo, a que haya una voz cercana que les diga lo que ocurre y les ofrezca pautas». Que hablen todo lo que necesiten, que se centren en el día a día, actividades de distracción… «Vuelven a recuperarse -tranquiliza la gerente- pueden tardar un día o un año, pero se recuperan».