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Cientos de brasileños temen que Bolsonaro les haya contagiado el coronavirus

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Políticos brasileños, correligionarios y mucha gente que estuvo con el presidente Jair Bolsonaro en las últimas dos semanas, se apresuraron a hacerse las pruebas de Covid-19 al saber que el mandatario brasileño confirmó que tiene el vírus.

En esos quince días, tiempo de incubación de la enfermedad, Bolsonaro viajó por el país, inauguró obras, dio las manos y abrazos, y mantuvo contacto con centenares de personas, en busca de recuperar algo de su popularidad, cuando su hijo mayor, el senador Flávio Bolsonaro está en el centro de un escándalo de corrupción.

Sin obedecer la orden, incluso de un juez, de usar mascarilla en lugares públicos, Bolsonaro viajó cuatro veces, para reunirse con autoridades e inaugurar obras en Ceará, Santa Catarina, Minas Gerais y Goiás, además de participar en ocho ceremonias y tres ruedas de prensa, en Brasilia. Según «Folha de São Paulo», por lo menos 66 políticos, empresarios, personalidades y diplomáticos, como el embajador de Estados Unidos en Brasil, Todd Chapmann, estuvieron con él, casi siempre sin mascarilla, como se observa en vídeos e fotos.

Sin mascarilla
El pasado día 30, Bolsonaro vetó la decisión judicial que obligaba a usar mascarilla en Brasilia, bajo riesgo de multa, y dejó de usarla, bajo críticas de medios y de políticos. Dos días después hizo una transmisión en vivo al lado de seis personas, sin mascarilla y muy cerca a él. El vídeo recoge incluso al presidente tosiendo en varios momentos.

Parte del grupo de riesgo, con 65 años, Bolsonaro confirmó el martes que su examen de Covid-19 dio positivo, y que se sentía mejor, después de haber sido medicado con la polémica cloroquina, que insiste en recomendar como milagro, ante las críticas de médicos, científicos y de los ejecutivos de la Organización Mundial de Salud (OMS).

El presidente brasileño, nuevamente sin mascarilla, informó a periodistas frente al Palacio de Alvorada de que había decidido someterse a su tercera prueba de coronavirus, después de sentir malestar y dolores, además de registrar 38 grados en el termómetro.

Los ministros Paulo Guedes (Economía), Braga Netto (Casa Civil), Jorge Oliveira (Secretario General), Luiz Eduardo Ramos (Secretario de Gobierno), Augusto Heleno (Gabinete de Seguridad Institucional) y José Levi (Abogado General del Gobierno), fueron citados en la prensa brasileña como algunos de los interlocutores de Bolsonaro en esos días, que se hicieron la prueba el mismo martes. Los presidentes de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, y del Senado, Davi Alcolumbre, que ya tuvo Covid-19, también informaron que se harían exámenes.

El canciller, Ernesto Araujo, que participó de la fiesta de la independencia de Estados Unidos al lado del embajador norteamericano, Bolsonaro y su hijo Eduardo (todos sin mascarilla), informó de que está aislado en su casa, sin síntomas, y que su examen dio negativo. Araujo es parte del círculo ideológico y negacionista del mandatario, que le resta importancia a la pandemia, a la que llaman «gripecita», entre otras afirmaciones polémicas.

El viernes, Bolsonaro almorzó con empresarios, entre ellos, con Luiz Trabuco, presidente del Bradesco, mayor banco privado brasileño, y con Paulo Skaf, principal dirigente de la Federación de Industrias de São Paulo (Fiesp).

«A los que están contra la hidroxicloroquina, pero no presentan alternativas, lamento informar de que estoy muy bien con su uso y, que con la gracia de Dios, viviré por mucho tiempo», declaró el mandatario el miércoles en una red social, sobre el uso de un remedio que tiene efectos colaterales, como arritmia cardiaca. Esa recomendación ya llevó a la renuncia de dos ministros de Sanidad y a sanciones en Twitter y Facebook.

En busca de popularidad
Desgastado por restarle importancia a la pandemia y por tener a su hijo mayor envuelto en un escándalo de corrupción que puede llegar a él, Bolsonaro se ha mostrado más cauteloso y ha buscado una «agenda positiva», que incluye viajes, reinaugurando incluso obras de sus antecesores en el norte del país, donde el oposicionista Partido de los Trabajadores (PT) tiene más fuerza.

La prisión de su amigo Fabricio Queiroz, asesor de su hijo mayor, el senador Flavio Bolsonaro, durante más de una década, ha erosionado seriamente la imagen del presidente, que perdió el 25% de popularidad digital, según la consultora de datos Quaest. Los puntos, que se refieren a alcance en redes sociales, beneficiaron a su exaliado, el exministro de Justicia Sergio Moro, que se destacó en las operaciones anticorrupción que derribaron al PT tras 13 años de Gobierno.

Según la encuestadora Datafolha, la aprobación de Bolsonaro es del 32% y el rechazo a su gestión del 44%, el peor desempeño de un presidente brasileño desde el retorno a la democracia en 1985, con un año y medio de gestión.

Queiroz fue preso el mes pasado, escondido en la casa de campo del abogado del presidente y su familia. Está acusado de ser testaferro de los Bolsonaro en un caso de desvío de dinero público, que habría sido usado para financiar grupos de justicieros en las favelas de Río, y en las propias campañas de la familia de políticos.