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Macarena Olona, la revelación de Vox

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Macarena Olona (Alicante, 1979) tiene una virtud poco habitual en política: sabe conjugar la «finezza» técnica de los abogados del Estado -lo es desde 2009- con la pasión desbordada que caracteriza a los políticos de carrera, aunque ella no lo sea. Cree en lo que hace, y se lo trabaja. Cuando fue elegida por primera vez diputada por Vox, nadie imaginaba que en sólo unos meses iba a convertirse en una de las diputadas con mayor proyección en el Congreso. Es la gran revelación de la tercera fuerza política, situada ya como su rostro más reconocible en el Parlamento tras su presidente, Santiago Abascal, con quien comparte una mano izquierda poco común en su grupo parlamentario.

Su discurso arrollador y directo conecta rápidamente con los votantes más a la derecha, ya sean de su partido, del Partido Popular o de Ciudadanos. Evidentemente, también genera la ira de las bancadas de la izquierda, que empiezan a situarla como la mala de la película, especialmente en la cuestión feminista: en la izquierda no gusta que el látigo a sus políticas feministas sea precisamente una mujer.

En las últimas semanas, el tono apasionado de Olona ha ido ganando protagonismo hasta provocar enfrentamientos de tú a tú con la ministra de Igualdad, Irene Montero, o el del Interior, Fernando Grande-Marlaska, duelos que la han catapultado a la primera línea en su grupo parlamentario. En sólo unos meses ha logrado incorporarse a la nómina de cabezas visibles de Vox y ha adquirido incluso un atractivo mayor que algunas de los dirigentes del partido, ya sea en el propio Congreso o en otras administraciones regionales.

Además de su hasta ahora desconocida faceta como oradora, Olona es la mente jurídica de su grupo y está detrás de la utilización de los recursos ante el Tribunal Constitucional como herramienta política para combatir el Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. En este campo, su éxito más reciente ha sido que el TC haya admitido el recurso de Vox contra los frenos que el estado de alarma ha impuesto a la actividad parlamentaria.

Sus adversarios le reconocen estas virtudes, pero también critican por la gestualidad visceral con la que se defiende desde la tribuna de oradores. «La capacidad la tiene y reconocemos que es muy rápida en la respuesta y conecta rápidamente con el discurso de la calle», comenta a ABC un diputado. Otro afirma que, «sin ninguna duda, preparada está», pero le recrimina que «supedite sus intereses a la política del espectáculo».

Esta explosión de gestos ha sido quizás lo más sorprendente de esta abogada del Estado, que ejerció en el País Vasco entre 2013 y 2018, pero también el principal valor que la ha convertido en una de las dirigentes más aplaudidas y reclamadas en los actos de Vox. Recientemente, en la marcha en coche que organizó el partido en Madrid en pleno estado de alarma, los participantes reclamaban su atención al grito de «Macarena, valiente, dales duro».

Olona nunca pensó en entrar en política hasta que conoció a Santiago Abascal en el País Vasco. El presidente de Vox captó rápidamente su valía para su proyecto político, que gira en torno a un discurso de marcado carácter nacional que apuesta por los valores tradicionales de la unidad de España, la familia y el catolicismo, de los que ella es una ferviente defensora.

Su habilidad dialéctica le permite no arrugarse a la hora de enfrentarse con cualquier miembro del Gobierno, a los que ataca sin piedad con un discurso firme y atronador. «Ha traicionado a quienes pusieron la vida en riesgo por defenderle», le lanzó al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, el pasado 27 de mayo. Y aún fue más lejos el pasado día 10: «Usted odia profundamente a la Guardia Civil». No obstante, su intervención más destacada fue el pasado martes en el Congreso. Con gran vehemencia, lanzó un discurso en contra de la ley de violencia de género: «El hombre no viola, viola un violador. El hombre no mata, mata un asesino. El hombre nomal trata, maltrata un maltratador. El hombre no humilla, humilla un cobarde». Olona no se arrugó en ningún momento y le reprochó a la izquierda «tener poca vergüenza para hacer carroña política de la violencia de género».

La secretaria general del grupo parlamentario de Vox en el Congreso ya se había fajado con la ministra de Igualdad, a quien espetó que su mensaje sobre la violencia de género «esconde obsesiones patológicas e ideológicas». Ella está cómoda confrontando con los discursos más ideológicos de la izquierda, lo que propicia que su sola presencia en los debates parlamentarios despierte gran expectación. Si interviene Olona, el espectáculo está garantizado. Si interviene Olona, la derecha y la izquierda escuchan. Por distintos motivos, pero escuchan.