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El PP se ve fuerte en Galicia pero advierte del riesgo de un exceso de confianza

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Cuando el
CIS de Tezanos
te da más estimación de voto que a todos tus adversarios juntos, pueden pasar dos cosas: que tu fortaleza sea realmente incuestionable o que todo sea una trampa para hacerte caer en un exceso de confianza. Según el barómetro preelectoral, el PP alcanza un 46 por ciento de voto, mientras que las otras tres candidaturas que obtendrían representación parlamentaria suman entre todas un 43,5 por ciento. Con estos datos, el PP solo puede sentirse fuerte en Galicia y convencido de que la cuarta mayoría absoluta de Feijóo está al alcance de la mano.

En el partido hay optimismo, pero también cierta preocupación, porque su principal adversario ya no es un Partido Socialista al que saca más de 26 puntos, sino el coronavirus. La pandemia sigue activa, y si los brotes van a más puede producirse una desmovilización a la hora de acudir a los colegios electorales el 12 de julio, sobre todo si se piensa que la victoria ya está hecha. Por eso, el PP y su candidato a la reelección se van a volcar, ya desde ayer en el acto de «pegada de carteles» en Vigo, en movilizar a su electorado y en dejar claro que nada está conseguido y que por ahora no hay ni un solo voto metido en las urnas.

La movilización en las circunstancias actuales es complicada. El PP quiere organizar actos reducidos, de apenas un centenar de personas, con alguna excepción en la que podrían llegar a las mil, con todas las medidas de seguridad previstas. Lo que no se verá esta campaña electoral, previsiblemente, son los baños de masas que habitualmente sirven para subir la moral de un partido político y empujar a todos a las urnas.

Feijóo ha salido reforzado como presidente de la Xunta y como candidato con la gestión de la crisis del coronavirus. Antes de marzo, las encuestas daban un resultado mucho más ajustado al PP, e incluso alguna ponía en duda que pudiera alcanzar la mayoría absoluta. Y sin esa mayoría, la coalición de los perdedores, formada por la izquierda, los nacionalistas y los populistas, sería un hecho.

Votos necesarios
Ahora, sin embargo, esa mayoría suficiente del PP no admite dudas en ningún estudio demoscópico. Pero los populares recuerdan lo que ocurrió en 2005, cuando Fraga ganó las elecciones, pero se quedó a un diputado de la mayoría absoluta por unos centenares de votos. Y tuvo que abandonar la Xunta de Galicia. Fue la época del «bipartito».

El PP parte con una ventaja en Galicia, ya que en esta comunidad no tienen el problema que sufren los populares en el conjunto de España, como es la fragmentación del centro-derecha. Esa división penalizó la candidatura de Pablo Casado en las generales de forma clara. En Galicia, Vox y Ciudadanos apenas tienen votos y el PP aglutina a los electores de ese espacio político. El problema, en cambio, es que las elecciones autonómicas son un todo o nada para los populares gallegos: o llegan a la mayoría absoluta o pierden el poder, aunque se queden a un solo diputado de esa meta, porque no tienen con quién pactar.

Durante su intervención en Vigo, ya para dar por estrenada la campaña, Feijóo trazó los ejes de su mensaje de campaña, con un lema que deja muy claro que su prioridad y su compromiso es Galicia: «Solo nos debemos a los intereses generales de los gallegos, que es decir lo mismo que a los intereses generales de España». Feijóo pidió a los suyos que no den nada por hecho, porque nada está hecho.