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El diablo en los detalles europeos

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La propuesta del plan de recuperación europeo es una gran noticia para España y para el conjunto de la Unión, un paso valiente en dirección netamente federal. Con la futura emisión de deuda comunitaria se corta el nudo gordiano de la discusión sobre el significado de la Unión Fiscal anunciada en 2012 y sin completar. Nada hubiera sido posible sin la concertación franco-alemana, pero la iniciativa de nuestro país también merece crédito. Desde nuestra diplomacia se hizo un diagnóstico adecuado de la crisis europea en el primer minuto.

El problema no era solo la situación de algunos Estados, estaba en juego la supervivencia del mercado interior y de la moneda común. Las propuestas y negociaciones españolas en Bruselas han allanado el terreno al plan de la Comisión. Queda mucho por hacer antes de que se convierta en una realidad, miles de páginas de letra pequeña por negociar, pero conviene no restar importancia y méritos y aparcar la actitud, por desgracia tan española, de hablar mal por sistema de lo que hacemos. Es cierto que Europa vuelve a ser la solución: si no viviésemos en un Estado miembro de la Unión Europea no dispondríamos de los recursos necesarios para reactivar la economía.

La combinación de subvenciones y préstamos tendrá por supuesto condicionalidad. Si la transición ecológica y digital son los objetivos dominantes, muchas pequeñas empresas pueden quedarse fuera. Hay que vencer aún la resistencia de los llamados países frugales. Su apoyo se conseguirá intercambiando solidaridad por credibilidad y tejiendo un relato común de la respuesta a la crisis. La fiabilidad y la calidad democrática de las instituciones, la seguridad jurídica, los consensos en temas de Estado, forman parte del capital político de cualquier gobierno cuando negocia en Bruselas.

Gracias al liderazgo de Angela Merkel, Alemania actúa con visión europea, pero también cuenta con un estímulo fiscal propio que convendría atemperar. La barra libre en ayudas de estado aprobada por la Unión durante la crisis está favoreciendo de forma desmedida a las empresas germanas, receptoras de la mitad de todas las otorgadas. El diablo está en los detalles.