Inicio Nacional «La República sería el origen de plantear otra guerra civil»

«La República sería el origen de plantear otra guerra civil»

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-¿Es comparable esta situación a la de entonces?

-Las condiciones eran muy especiales: el retorno a la Democracia. No existía ese virus nacionalista que ahora nos sobrecoge. Después del 15J, había que demostrar al personal que la Democracia servía para algo, que no iba a ser un puro bla, bla, bla. Por parte del Gobierno había un plan unilateral que le criticamos Santiago Carrillo y servidor. Le entregamos una papela para plantearle una política en común, cosa que fue tomando cuerpo en la Comisión de Economía del Congreso. El toque de gracia fue cuando Fernández Ordóñez dijo que había que hacer una política de concentración, pero sin el coste de un Gobierno de concentración. Esa fórmula fue bastante buena, y Adolfo Suárez finalmente la asumió y nos convoco aquel fin de semana de octubre de 1977.

-¿Fue esa idea la que salió de los conversaciones en La Moncloa?

-Allí se presentó el informe, que fue muy ampliado. Hubo muchas novedades, como el Estatuto de los Trabajadores, que llamábamos el Código del Trabajo, una posible reforma agraria y una referencia a la empresa pública.

-En aquel momento había una inflación insoportable.

-Llevábamos mucha pólvora de los sindicatos, que no estaban en el encuentro. Al final, la fórmula de la moderación salarial fue muy inteligente. La inflación del 22% prevista para el año 78 quedó en el 19%. Cuando teníamos que convencer a Marcelino Camacho para dar el sí a los pactos, le decíamos que eran inevitables medidas para contener la inflación, porque si no nos íbamos todos al garete. Y se ganó poder adquisitivo en 3 puntos el primer año, Eso fue decisivo.

-¿Fue muy difícil convencer a Marcelino Camacho?

-En principio sí, ya se sabe cómo era. Era una hombre muy expositor de sus temas, a veces se alargaba mucho, pero siempre con buenas intenciones. Él comprendió que la Democracia necesitaba una moderación salarial, lo entendió al final. Y luego fue muy defensor de los pactos.

-¿La posición del PCE era inicialmente la búsqueda del consenso?

-Aunque en el PCE no era la doctrina oficial, la doctrina real es que en el manifiesto que hicimos en la llamada rebelión estudiantil del 56 ya iba la reconciliación nacional. El PCE ya había renunciado definitivamente a la causa de la República. La causa no era la República, sino la reconciliación. Había conciencia en el PCE de que hubo un cambio social importante en el franquismo, una ampliación muy fuerte de las clases medias. Plantear un sistema de socialización era absurdo.

-¿Alguien en el comunismo europeo estaba aún entonces en esas tesis?

-Presionaban mucho los italianos. Enrico Berlinguer (secretario general del PC italiano en 1977) era el defensor máximo. Yo estuve con él varias veces. Pero cuando le preguntaba, usted qué prefiere, ¿la Unión Soviética o Suecia?, él decía: «Suecia» (risas). Él no tenía nada de leninista, y menos de estalinista colectivizador.

-¿La colectivización estaba en los planes de alguien en nuestro entorno?

-No, salvo quizá un poco (Georges) Marchais (secretario general del PC francés). También tuvimos alguna cita con él a propósito de los pactos, que los tuvimos que explicar. Él era muy seguidor de Pravda. Antes de opinar nada, leía Pravda.

-Podemos, y también el PSOE, idealizan la República. ¿Qué mensaje les envía?

-Yo he ido evolucionando, y otros también. Se lo decía un día a Hugh Thomas: «Hugh, te encuentro cada día menos republicano». Se echaba a reír y me respondía: «Sí, creo que nos pasa un poco a todos». La República fue la preparación de la guerra. Llevaba ideas sanas de Democracia, de cultura y de redistribución de renta, pero lo hicieron todo bastante mal y crearon una división de España que dio lugar a la Guerra Civil. También la extrema izquierda hizo lo posible para que hubiera una guerra. Perdone que me desvíe un minuto: la guerra la plantearon Largo Caballero, el Lenin español, y el señor Mola, que además de tener una gran capacidad de conspiración y de organización, tenía una ideología absolutamente en la derecha y en las instituciones antirrepublicanas. Esos son los verdaderos responsables de la guerra: Franco se apuntó cuando no había otra salida.

-¿Qué le dice al republicano de hoy?

-No vamos a decirles lo de «los experimentos con gaseosa». Yo soy de la Constitución, de la Monarquía parlamentaria. Aquel Sábado Santo rojo, como definió (Joaquín) Bardavío, aceptamos la Bandera y la Monarquía, y no pasó nada. Y hemos tenido la fortuna de que Don Juan Carlos y ahora Don Felipe están por un país democrático. La figura del Rey no es ninguna causa de perjuicio, incluso se echa de menos que el Rey modere las instituciones un poco más activamente. Yo le diría que la República sería el origen de plantear otra guerra civil.

-Los comunistas que hoy están en el Gobierno sueñan con la República… 

-Estos no son ni comunistas. Su visión es entrar en el Gobierno como sea para trata de hacer una especie de quiebra entre dos facciones y aparecer ellos como los más sociales. La Renta Mínima Vital puede ser el origen de un desincentivo tremendo para la búsqueda del trabajo.

-Vuelvo al principio: ¿Es comparable la situación a la de 1977?

-La situación es muy distinta. Entonces era una inflación brutal, una crisis energética que se había transformado en industrial, y una crisis financiera porque las empresas que cerraban no devolvían sus créditos. Una triple crisis. Y había que dar el do de pecho democratizando las instituciones. Fue completamente distinto. Lo que tenemos que buscar es un sistema para poner la economía otra vez en funcionamiento. El New Deal de Roosevelt: la política de cebar la bomba.