Inicio Nacional La crisis del Covid-19 consolida a Feijóo como un sólido gestor

La crisis del Covid-19 consolida a Feijóo como un sólido gestor

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Una maldad recurrente en el gobierno gallego es que, en realidad, el presidente de la Xunta es el conselleiro de Sanidad en la sombra. Alberto Núñez Feijóo no olvida su etapa de presidente del Insalud durante el primer Gobierno de Aznar (1996-2000). La crisis del coronavirus, lejos de ser un quebradero de cabeza, ha permitido a Feijóo exhibir su capacidad para la coordinación de equipos en estos momentos críticos. Además de la confrontación en estas últimas semanas, la Xunta ha buscado la comparación con el mando único de Pedro Sánchez, consciente de que el saldo le era favorable. Donde el Ministerio de Sanidad ocultaba a los expertos de sus comités, Galicia los ha hecho públicos: en su mayoría, jefes de servicio de distintos hospitales públicos y miembros de sociedades científicas, todos con nombres y apellidos. Cuando el Gobierno admitía su dificultad para encontrar material sanitario, Feijóo anunciaba la adquisición de lotes de millones de mascarillas o guantes, gracias a una alianza estratégica con I
nditex que le ha abierto las puertas de proveedores chinos fiables.

El presidente gallego ha encontrado también un filón en los desconcertantes bandazos del mando único, con sus criterios cambiantes y a veces contradictorios, como el que permitió el mismo día levantar las limitaciones horarias a los núcleos de menos de 5.000 habitantes en Asturias pero no en Galicia, y todo porque el delegado del Gobierno asturiano decidió hacer una interpretación más laxa de la norma, que acabó siendo la empleada a nivel general días más tarde. Y luego el estado de alarma: Feijóo no ha dudado en levantar la voz contra este marco excepcional, censurando la suspensión de derechos que acarrera cuando, en su opinión, hay alternativas legales. No es un mensaje baladí: se dirige a ese centro sociopolítico, muy urbano, cansado del confinamiento, de improvisaciones y de legislar a golpe de BOE.

La gestión del gobierno gallego parece estar dando sus frutos. A nivel interno, las encuestas vaticinan un repunte de las expectativas electorales del PP, principalmente en las ciudades, donde Feijóo es mejor valorado que Pedro Sánchez. En los sondeos de las últimas semanas, los conservadores recuperarían el pulso de febrero, cuando se les pronosticaba una holgadísima mayoría absoluta. Feijóo ha evitado gestos populistas como visitas a enfermos o actos públicos. Apenas dos citas en laboratorios de hospitales, acotadas y milimetradas. Se le ve más en la televisión autonómica, una media de tres veces por semana.

Preguntas ilimitada
La oposición censura que ha comparecido en ruedas de prensa desde la sede de la Xunta (con preguntas ilimitadas) en una veintena larga de ocasiones, retransmitidas por los medios públicos. Pero su presencia genera interés: la audiencia del canal autonómico sube varios puntos cuando Feijóo se asoma. Al mismo tiempo, y a pesar de tener un Parlamento disuelto por la fallida convocatoria electoral del 5-A, el presidente gallego ha comparecido dos veces en la Diputación Permanente, así como la mitad de su gabinete, y ha mantenido contacto permanente con los portavoces de la oposición, bien por videoconferencias o por llamadas telefónicas.

A la izquierda, no obstante, le sabe a poco. Ha aprovechado la crisis del coronavirus para desempolvar y rearmar uno de sus habituales mantras contra Feijóo: los recortes sanitarios. Las versiones aquí están enfrentadas sin remedio. El gobierno, esgrimiendo las auditorías anuales del Consello de Contas, defiende que todos los indicadores de personal y eficiencia sanitaria (número de profesionales, camas, intervenciones quirúrgicas, etc.) se han incrementado desde el último año del bipartito PSOE-BNG. La oposición, por el contrario, defiende que Feijóo es responsable del «desmantelamiento» y «privatización» de la sanidad pública. «¿Cómo se puede desmantelar una sanidad que tiene el menor índice de letalidad por coronavirus de España?», respondía este en su última intervención parlamentaria.

«Buenas sensaciones»
En auxilio de la izquierda política vino la izquierda mediática. Un programa de La Sexta en el que se entrevistaba al narcotraficante Marcial Dorado (cuyas fotos con Núñez Feijóo en los 90 compartiendo reunión de amigos habían sido publicadas por El País en 2013) tenía prevista su emisión cuatro días antes del comienzo de la campaña electoral del 5-A. El candidato del PSOE, Gonzalo Caballero, llegó a anunciar por Twitter el retraso del mismo cuando la crisis sanitaria obligó al canal a reprogramar su parrilla. El programa finalmente se emitió el pasado domingo. Pero Dorado no dio los titulares esperados. Feijóo, que no sufrió desgaste por estas controvertidas fotos en las elecciones de 2016, duda que les quede capacidad de erosión.

El PP asegura tener «buenas sensaciones» en la calle de cómo se está gestionando la situación. Lo necesita ante una campaña que va a lastrar una de sus estrategias atávicas: la exhibición de músculo en grandes mítines multitudinarios, con miles de simpatizantes. Ese modelo de campaña ha saltado por los aires con las restricciones sanitarias, y con él una manera de entender la acción electoral en un territorio como el gallego, envejecido, disperso, con un rural mayoritariamente conservador y entornos urbanos más heterogéneos. La militancia popular, su más importante agente electoral, tiene limitadas sus capacidades. Aún así, el PP es moderadamente optimista. Feijóo salió reforzado de la crisis económica en las elecciones de 2012. Tiene ante sí el reto de volver a hacerlo y revalidar su cuarta mayoría absoluta.