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Elecciones vascas: el PNV paga sus errores en la crisis pero no peligra su victoria

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A la espera de que el lendakari se decida a anunciar la fecha de los comicios, los partidos engrasan ya sus maquinarias de cara a un proceso electoral plagado de incertidumbres. Es razonable pensar que, más allá de la previsible desmovilización ciudadana a la hora de ir a votar, el «factor coronavirus» será determinante también en la propia campaña. Los expertos consultados por ABC dudan del impacto que este hecho pueda tener en las urnas, pero sí coinciden en que los partidos se adentran en un terreno desconocido que les forzará a modificar sus estrategias. Evidentemente, el PNV no es ajeno a esta situación. Los nacionalistas corren además el riesgo de pagar el desgaste que supone gobernar en estos tiempos de crisis sanitaria, y su gestión no ha estado exenta de errores. A ello se suma la «mochila» de polémicas con la que ya cargaban antes de la pandemia, incluidos casos de corrupción que llegaron a provocar dimisiones en altas esferas del Ejecutivo de Iñigo Urkullu.

Lo cierto es que escándalos como el de las irregularidades cometidas en los procesos de selección del Servicio de Salud vasco (Osakidetza), que motivaron la salida del que fuera hasta el año pasado consejero de Sanidad, Jon Darpón; u otros aún más recientes, como la sentencia del «caso De Miguel», que envió a la cárcel a exaltos cargos del PNV de Álava acusados de corrupción, no desdibujaron el «mapa político» en esta Comunidad Autónoma. Por el contrario, el Partido Nacionalista Vasco aspiraba incluso a incrementar su representación en el Parlamento en las elecciones que iban a tener lugar en abril, según la última encuesta de GAD3 para ABC, que data de los días 8 y 9 de marzo.

Todos los sondeos sobre los comicios vascos, de hecho, son previos a la etapa más feroz del Covid-19, por lo que a día de hoy es muy difícil predecir el nivel de desafección de la ciudadanía hacia el Gobierno vasco por su actuación durante la pandemia. No obstante, ha habido muestras evidentes de descontento hacia las instituciones autonómicas. El propio lendakari era recibido la semana pasada entre abucheos por trabajadores sanitarios del Hospital de Cruces, en Baracaldo (Vizcaya), por las carencias de los materiales de protección. También fue motivo de indignación la noticia desvelada por ABC sobre el incumplimiento del confinamiento del que fuera coordinador de emergencias de Osakidetza, Jon Sánchez, que se vio obligado a dimitir.

«La crisis desgasta, sobre todo, a quienes han tenido responsabilidades de gestión -explica Francisco Llera, catedrático de Ciencia Política de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU)-. Y en Euskadi hemos vivido una de ellas en términos de desprotección de los trabajadores sanitarios, crisis de las residencias de mayores o polémicas gratuitas con la intervención del Ejército». A ello se añade el «desgraciado y sangrante caso del vertedero de Zaldívar», que según el profesor asturiano «no le hace ningún favor» a la formación nacionalista.

Para Braulio Gómez, investigador de Ciencia Política de la Universidad de Deusto, los tropiezos del Ejecutivo de Urkullu en las últimas semanas han desmontado algunas teorías de un PNV que «trataba de diferenciar lo bien que se hacía la política vasca y lo mal que se hacía la española». En este sentido, argumenta que a pesar de esa «cogobernanza» de la crisis del coronavirus que pactaron Pedro Sánchez e Iñigo Urkullu, en el País Vasco ha seguido existiendo «poca claridad» en ámbitos como el sanitario o el educativo. Sin ir más lejos, el Departamento autonómico de Educación se vio obligado recientemente a recular después de anunciar el regreso a las aulas para este mismo lunes ante la oposición de centros, sindicatos y alumnos. «Ahora el PNV tendrá problemas para construir el relato de que el Gobierno vasco lo hace todo bien», insiste Gómez.

De todo ello son conscientes en el seno del PNV. Dirigentes de esta formación asumen, primero, que «los partidos que gobiernan sufrirán desgaste»; y también, que «la oposición siempre tiene un papel mucho más fácil». «El de protestar por todo», denuncia esta fuente. Otro mandatario nacionalista apunta a este periódico que «todo pasa factura», si bien subraya que son inconvenientes que surgen en cualquier administración.

De hecho, Braulio Gómez recuerda durante los últimos años se han producido huelgas en la sanidad pública y otros ejemplos de «conflictividad social» sin que se haya «responsabilizado políticamente» de ello al PNV. El «apoyo popular» no ha caído, afirma, porque la ciudadanía «no ha creído que la oposición pudiera hacerlo mejor en ningún campo». En este último punto coincide también Francisco Llera, quien sostiene que «no existe una alternativa sólida con capacidad de disputarle la cabeza» a la formación nacionalista, que además «controla una potentísima red clientelar desde el Gobierno, las Diputaciones Forales, Ayuntamientos, organismos públicos y empresas con la que nadie es capaz de competir».

La lectura de los expertos es que en los últimos cuatro años «no se ha visibilizado a un líder de la oposición» o un partido que pueda actuar como voto refugio y recoja los apoyos perdidos por el PNV. En palabras de Llera, con «socialistas y podemitas atados» a los nacionalistas «por las actuales alianzas madrileñas», la única oposición posible es la de «la izquierda abertazle y el centro-derecha». «Los primeros podrían aspirar a un Gobierno de izquierdas con socialistas y podemitas, si ellos los encabezasen, pero de muy improbable apoyo socialista -sostiene-. Los segundos solo pueden aspirar a ser decisivos en un Gobierno sin mayoría».